La reciente rebaja de la calificación crediticia de Bolivia por parte de la agencia Moody’s Ratings —de Caa3 a Ca— no es un hecho sorpresivo ni puntual, sino el resultado de un proceso continuo de debilitamiento económico, que se refleja en un descenso en las calificaciones de agencias internacionales desde 2021.
Así lo sostiene Fernando Romero, presidente del Colegio Departamental de Economistas de Tarija, quien advierte que esta caída sistemática revela problemas estructurales no resueltos por las autoridades económicas del país.
Moody’s anunció el 17 de abril de este año la degradación de la calificación de la deuda soberana de Bolivia, argumentando una “gobernanza muy débil” y un “riesgo elevado de crisis de balanza de pagos y default soberano”.
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Aunque el reporte aclara que aún existe margen para una recuperación a largo plazo, las señales actuales no son alentadoras.
“Desde el año 2021 las calificaciones para nuestra economía no han parado de caer, con una tendencia clara a que las mismas se rebajen año a año”, afirmó Romero. En su criterio, no se trata de un fenómeno coyuntural, sino que los fundamentos económicos del país se han ido deteriorando.
Según el análisis del economista, a partir del impacto económica de la pandemia de COVID-19 la calificación crediticia boliviana ha pasado por una pendiente descendente acelerada.
No obstante, la debilidad actual, remarca Romero, no puede explicarse solamente por choques externos, ya que se ha visto agravada por políticas internas poco sostenibles.
Entre los factores que han influido en esta situación, Romero destaca la severa disminución de las reservas internacionales, que han caído casi un 90% en la última década, un déficit fiscal persistente por más de once años, y un creciente endeudamiento público que ya supera el 80% del Producto Interno Bruto (PIB).
Además, la economía enfrenta serias dificultades para acceder a divisas extranjeras, lo que repercute directamente en la disponibilidad de dólares y en la importación de productos esenciales como los carburantes.
“La presión que ejerce el tipo de cambio fijo, sumado al costo elevado de la subvención a los combustibles, ha generado distorsiones que hoy se traducen en escasez, inflación y menor capacidad de maniobra del Estado”, explicó Romero
El informe de Moody’s señala que, con políticas económicas más pragmáticas y una mejora en la gobernanza, aún es posible estabilizar el panorama.
Romero coincide con esta posibilidad de reversión. “Hay medidas que se pueden adoptar por este y el próximo gobierno para revertir esta tendencia negativa, todo depende de una voluntad política, no todo está perdido”, destacó.





















































































