Si bien Hannah Arendt no vivió el impacto de las redes sociales como WhatsApp, Facebook, X, Tik Tok, entre otras, si tuvo una “controversia” en medios, por los reportajes que realizó para el periódico norteamericano “New Yorker”, publicados entre febrero y marzo de 1963, sobre el juicio al criminal de guerra nazi Adolf Eichmann. En referidos reportajes, Arendt había sugerido que las dirigencias judías —en tiempos de la segunda guerra mundial— habían sido, de algún modo, colaboracionistas en el holocausto, lo cual levantó una serie de rechazos y críticas de la comunidad judía. En el desarrollo de la “controversia” no solo se buscó cuestionar las aseveraciones de Arendt, sino que se pasó a injuriarla y a mentir para descalificarla, algo común —hoy en día— en las redes sociales, en particular cuando hay situaciones políticas y la necesidad de descalificar a un virtual oponente o alguien que se teme.
Consulte también: Preclusión
En 1967, en busca de analizar los usos de la mentira en política, Arendt publicó un corto ensayo titulado “Verdad y política”, en el que presenta la diferencia entre una verdad de razón —también llamada verdad matemática— y una verdad de hecho —también llamada verdad fáctica—, esta última más cercana al campo político y a su vinculación con el uso de la mentira. Para Arendt, mentir es una forma de acción de la más alta capacidad humana, pues resulta impresionante cómo el ser humano puede decir “mira como brilla el sol” mientras está nublado y lloviendo a cántaros. La mentira, en consecuencia, es una acción deliberada, en tanto el mentiroso conoce —o cree conocer— la verdad y por ello busca falsearla, no para reemplazarla sino para invalidarla. Esta faceta de la mentira, Arendt la explica en otro corto ensayo denominado “La mentira en política” publicado en 1971, complementario al ensayo publicado cuatro años antes. Expliquemos un poco esta faceta de la mentira en la que no se busca en sí reemplazar a la verdad.
La mentira —explica Arendt— no tiene la intención de pasar por verdad, sino de evitar el acceso a la verdad, es decir, la mentira tiene la intención de que cuestionemos la verdad, al punto de dudar de su existencia. La mentira busca atentar a la identidad única de la verdad y, en su lugar, busca pluralizarla en su existencia, para que podamos decir: “esa es tu verdad, yo tengo otra”. Entonces, la mentira no sustituye a la verdad, sino que permite que ésta deje de existir o se dude de ella, para que, paradójicamente, se pueda decir que algo habrá de verdad en todo lo que se miente.
Arendt fue precursora de la idea de posverdad, entendida, según el Diccionario Oxford, como “aquellas circunstancias en las que los hechos objetivos son menos influyentes a la hora de conformar la opinión pública que las apelaciones a la emoción y las creencias personales”. La posverdad no es más que una faceta de la mentira en política, es decir, tiene la función de despojar a la verdad de sus condiciones de verdad, tarea que hoy en día la vemos multiplicada en las redes sociales y, casualmente, siempre en la antesala de algún proceso político cercano o ante la presencia incómoda de alguien que se apoya en una también incómoda verdad.
(*) Farit Rojas es abogado y filósofo














































































