La visita que realizó esta semana Donald Trump a Oriente Medio, sin escala en Israel, ilustra
una nueva dinámica: los dos países, aliados históricos, empiezan a divergir en varios asuntos
regionales.
Irán, Yemen, Siria, Gaza… En los últimos días, el presidente estadounidense ha hecho un
anuncio tras otro, corriendo el riesgo de chocar con las doctrinas y el tempo de Israel.
Tanto es así que la prensa israelí se ha hecho eco de las tensiones en las relaciones entre
Trump y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que ambas partes siguen
presentando públicamente como excelentes.
Antes de partir de la región, en medio de una campaña de bombardeos cada vez más intensa
de Israel sobre Gaza, el dirigente estadounidense lamentó el viernes la grave situación de la
población del enclave.
«Miramos a Gaza. Y nos ocuparemos de ello. Hay mucha gente pasando hambre», afirmó el
republicano, que viajó sucesivamente a Arabia Saudita, Catar y Emiratos Árabes Unidos.
Días antes, el lunes, Estados Unidos había logrado la liberación de un rehén israelí-estadounidense en Gaza. Ese éxito dejó en evidencia a Netanyahu, a menudo criticado por no
ser capaz de traer de vuelta a las 57 personas todavía retenidas en el enclave desde octubre
de 2023, cuando Hamás atacó Israel y desencadenó la guerra.
Pero no es solo Gaza. Estos días Trump afirmó que está cerca de un acuerdo con Teherán
sobre el programa nuclear iraní, de nuevo en contra de la posición de Israel.
«Israel parece quedar al margen de estas negociaciones», señala Eldad Shavit, especialista en
política exterior del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS) de Tel Aviv.
Ilustrando una postura más «conciliadora», el acuerdo puede, según Shavit, «no gustar» al
gobierno de Netanyahu, que exige el desmantelamiento completo de la infraestructura
nuclear iraní.
‘No tiene nada que buscar’
Con los hutíes en Yemen o el nuevo líder sirio, Trump también parece jugar solo, sin tener en
cuenta al aliado israelí.
Estados Unidos concluyó recientemente un acuerdo de alto el fuego con los hutíes que deja
fuera a Israel, objetivo habitual de los misiles lanzados por los rebeldes yemenitas.
El jueves por la noche, los rebeldes reivindicaron un ataque con misiles que el ejército israelí
dijo haber interceptado.
En cuanto a Siria, Trump sorprendió el martes al anunciar que pronto se levantarían las
sanciones, en contraste con la postura israelí, que ve con hostilidad a las nuevas autoridades
en Damasco.
«Las relaciones históricas y la afinidad entre Israel y Estados Unidos le importan muy poco»,
apunta Yossi Mekelberg, analista de Chatham House.
«Con Trump nunca ha habido luna de miel (con Israel), todo es transaccional: ‘hoy me
interesas, soy tu mejor amigo, mañana te dejo caer'», señala.
«Si Trump no viene a Israel es porque no tiene nada que buscar. Hubiera venido si hubiera
habido un acuerdo para la liberación de todos los rehenes, por ejemplo. Va allí donde puede
conseguir algo», como lo hizo con los contratos conseguidos en el Golfo, según Shavit.
Sin embargo, este cambio de opinión no significa que la antigua alianza entre ambos países
esté en entredicho.
Estados Unidos sigue mostrando su apoyo a Israel, a pesar de los crecientes llamamientos, de
los países europeos en particular, a una desescalada del conflicto en Gaza.
‘Punto de inflexión’
«Trump sigue dando a Netanyahu plenos poderes y apoyo, incluidas armas», afirma Mairav
Zonszein, experto del International Crisis Group (ICG). Pero «estamos en un punto de inflexión
y las cosas podrían ir en diferentes direcciones».
«No se trata sólo de que haya liberado a un rehén estadounidense, sino de que está
intentando llegar a un acuerdo de alto al fuego (…) y no estoy seguro de que el Gobierno
israelí esté en la misma línea respecto a la posguerra», coincide Shavit, asesor ministerial.
Aislado en la escena internacional, Israel ha sido objeto de críticas explícitas como las
declaraciones de Naciones Unidas o el procedimiento ante la Corte Penal Internacional.
«Netanyahu tiene que tener mucho cuidado con Trump porque Israel necesita su apoyo
militar y político», dice Shavit.
Sin embargo, el primer ministro sugirió el domingo que Israel debería acabar «destetándose»
de la ayuda militar estadounidense, sin dar explicaciones.
Los medios israelíes han informado de una molestia mutua entre ambos líderes, citando
algunas indiscreciones de sus equipos que indican que el estadounidense estaría perdiendo
la paciencia con una guerra que se alarga y el israelí está furioso por haber sido marginado.
Según Mekelberg, los últimos acontecimientos revelan en realidad un antiguo conflicto entre
la postura ideológica y táctica de Israel y el pragmatismo del actual inquilino de la Casa
Blanca.





















































































