Introducción: el Tigre visita al antepenúltimo de la tabla. Es Oriente Petrolero. Seis partidos, cero victorias. Su entrenador es Gualberto “Cabezón” Mojica, ex jugador del club y ex entrenador de la reserva. Carlos Bustos repite el “eleven” que goleó a San Antonio Bulo Bulo, el mismo onceno que encajó tres goles en la segunda parte. O sea, Chura otra vez arranca desde la banca. Lino es el lateral. Y también juega García, algo que todavía no acabo de entender. Banegas viste de rosado fucsia, de magenta.
Mojica deja en la banca a Fabián Vargas y al flamante fichaje mediático Ricardo Centurión, ex Boca Juniors. Es de noche pero hace calor (30 grados) y humedad (88%) en la “Caldera del Diablo” de Montero, una verdadera sauna, un baño turco. Se parará el partido a la media hora para el “cooling time”; los ánimos se calentarán irremediablemente.
Nudo: el Tigre entra dormido, anestesiado, sedado. Oriente, con poco fútbol, muchos pelotazos y máxima intensidad, lo pasará por encima. Los dos compiten por ver quien defiende peor. Los problemas en la zaga stronguista ya son endémicos. Otra vez se sufre en demasía por los laterales. Altamirano y Lino son sobrepasados, una y otra vez; especialmente el segundo cuyo puesto natural es la zaga central.
El ecuatoriano Walter Chalá vuelve loco a Lino. García se pierde un mano a mano y a continuación regala un gol tras perder en el medio una pelota. La “cabecita de oro” de Godoy (recordando al gran Serapio Vega) empata el partido de forma provisional. El “score” parcial marca dos a uno.
Desenlace: el testarudo Bustos no mueve nada en el descanso. Chura y Moriceau, cambios cantados, siguen en la banca. Es otro Tigre, más metido. A la hora, el entrenador gualdinegro hace un cambio incomprensible, su primer error grosero. Chura entra por Lino para formar una línea de tres zagueros, un dibujo inédito.
La expulsión de Pedraza lo complica todo. Dice la ley de Murphy que todo lo que puede salir mal saldrá mal. Sostiene la citada ley que los eventos negativos pueden pasar en el peor momento posible y de forma inesperada. Tal cual.
El segundo error de Bustos es sacar a Quiroga. Es cierto que mete a Flores que hace el empate (a pase de Chura) pero el equipo queda sin contención. Por eso llega el tercer gol de Oriente con un disparo de larga distancia del central Pablo Vaca. El desacierto, esta vez, es de Banegas que se suma, sin querer queriendo, al principio stronguista de Murphy.
Post-scriptum: el partido termina a los golpes, dentro y en los vestuarios de una cancha que -todos lo sabemos- no reúne las condiciones mínimas de seguridad para un partido de fútbol profesional.
(18/05/2025)














































































