Sobre los últimos días, los que vivimos en Bolivia, son dignos de reflexionar. La sociedad está fácilmente escindida, con instituciones también fracturadas o, mejor dicho, con entidades que se autoaniquilaron con sus acciones negativas y ¿serán rematados por la sociedad? Veamos de manera muy global algunos aspectos. En lo político, nadie cede y todos quieren sacar su provecho. El Gobierno está seriamente acechado para su desaparición. En lo económico, el encarecimiento de todos los productos, pero, sobre todo, los alimentos, que elevan sus precios todos los días y en gran medida injustificables. Pero lo que está causando gran preocupación y bronca en los ciudadanos es que no hay control de los precios. Los gobiernos municipales brillan por su ausencia en esta actividad que les compete. Nos sentimos impotentes, porque no hay a quién reclamar y hacer las denuncias del agio a la especulación. ¿Cómo posibilitar que se vendan a precios razonables los productos alimenticios y otros bienes?
Cuando las autoridades ya no ejercen su poder, mínimamente, para ordenar y ser obedecidos en una sociedad partida, afloran los especuladores, los seres que quieren sacarle el mayor provecho posible. La racionalidad está siendo rebasada por la lógica de “quien pueda se salva”, que tiene el sustrato de la especulación y el ocultamiento de productos.
Pero ahí viene la contralógica, una especie de la ley del pueblo. La población, que no tiene ningún respaldo de las instituciones y de las autoridades, ha comenzado a manifestarse usando el recurso de los saqueos, que es una forma de reaccionar, de cuestionar y sancionar con mano propia frente a los que acaparan con las mercancías. Esta forma de reacción societal, esta manera de defensa de la sociedad, considera lamentablemente que hay que hacerlo por la fuerza y la violencia, que justifica porque no hay autoridad que ordene el oportunismo sembrado.
¿Cómo restablecer la potestad que garantice las vidas mediante el acceso a productos alimenticios y a un precio razonable? ¿Cómo hacer entender a los/as ciudadanas que, peleándonos por un litro de aceite, o por un kilo de pollo y otras mercancías escasas, no lograremos resolver el problema?
En la etapa de la crisis de la falta de alimentos surgen otras formas de reacción social. Por ejemplo, acciones y marchas contra el consumo de alcohol y sus derivados en la ciudad de El Alto. En pasados días fueron intervenidos por los familiares de muchos jóvenes que estudian en la Universidad Pública de El Alto y colegios algunos locales como bares, cantinas, discotecas, etc. Fueron quemados y saqueados públicamente sus bienes. Frente a la falta de políticas de control de la Policía, no quedó más que las acciones de los más afectados. Algún jurista se ruboriza de que se ha quebrantado la ley. Está claro, pero ¿qué hacer frente a instituciones, como la Policía, que se han corrompido con las acciones de los ladrones? Cada vez hay mayor número de dependientes del consumo del alcohol, sobre todo entre los jóvenes. Creo que no es exagerado decir que ya es un problema de salud pública. La respuesta desde el Gobierno tendría que ser: declarar a la adicción al alcohol y sus derivados como un grave problema de salud, lo cual llevaría a enfrentarlo creando centros de recuperación y de manera gratuita.
Sobre la escasez de alimentos, es tiempo de dar soluciones. Puede ser propicio para reflexionar sobre qué es lo estamos consumiendo. Es preciso cambiar nuestros hábitos del consumo alimenticio. No podemos seguir con la lógica de “la canasta familiar” con arroz, fideo, azúcar, carnes, aceite… Es tarea del Ministerio de Salud y de las universidades públicas comenzar a educar por una verdadera comida para la salud, que sea muy variada. Incluso cuestionando el excesivo consumo de la carne. ¿Será posible que las instituciones citadas asuman su rol de educación para la sociedad? Parece muy difícil, porque la lógica aún es contentar(nos) con los productos que faltan hoy. Es una gran tarea de educación y autoeducación en casa. Hoy, las cadenas de información y comunicación están imbuidas en el show y el espectáculo que en la tarea de la educación. Urut urutjamakiwa, jan suma sarnaqawiru sarasktanxa. Arsusiñaniya jilata, kullakanaka, ¿janicha?
*Es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.



















































































