Pese a que ya entró en funcionamiento y puso en el mercado el aceite Sabor Casero, la planta procesadora de soya, ubicada en el municipio de San Julián, Santa Cruz, no produce la cantidad de aceite que se había esperado
Aunque no dio detalles precisos, el viceministro de Defensa de los Derechos del Usuario y del Consumidor, Jorge Silva, reveló que la planta no produce las 500 toneladas de aceite que se proyectaba en un inicio.
“Lamentablemente, la empresa de San Julián no está trabajando y produciendo en las cantidades que se esperaba, debido a que ha habido una toma por parte de otros productores, lo que impide que se esté produciendo el aceite casero en 400, 500 toneladas que deberíamos estar produciendo”, indicó en contacto con Tele Estrella.
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De acuerdo con Silva, se previa que para finales de julio e inicios de agosto la producción de la planta sea de 1.000 toneladas, pero, según los volúmenes actuales, aquello está lejos de ocurrir.
En ese sentido, indicó que se hará una visita a la planta para determinar si la oferta de aceite refinado incrementará en las próximas semanas como se espera.
“Vamos a hacer una visita y esperemos que esa producción pueda generar una mayor oferta y una mayor atención a la demanda del mercado que tenemos no satisfecha debido a la diferencia de precios”, sostuvo Silva.
El viceministro señaló que los precios del litro del aceite reinado se mantienen por encima de los Bs 18 en el mercado abierto, debido a que hubo una reducción en la oferta, lo que provocó la elevación de los precios.
Sin embargo, según Silva, tanto en la Empresa de Apoyo a la Producción de Alimentos (Emapa) como en los supermercados el litro se comercializa hasta por debajo de Bs 14, lo que genera filas y especulación en sus sucursales.
“Se está haciendo todos los esfuerzos para garantizar que este producto se quede en el mercado interno y pueda llegar a todos los consumidores”, añadió la autoridad.
Silva considera que otro de los motivos para la reducción en la oferta es la gran cantidad de personas que se dedican a la reventa; adquieren el producto en Emapa o en los supermercados a un precio económico y luego lo venden más caro en el mercado abierto.
Por ello, se tomó la decisión de restringir la venta a 1 litro por persona y controlar la compra con carnet de identidad.





















































































