En los últimos días, el presidente boliviano, Luis Arce Catacora, como si fuera el último aliento de Sísifo, realizó una convocatoria a todos aquellos partidos y movimientos políticos que representan al bloque nacional-popular a trazar un sendero para lograr unidad en la izquierda con el objetivo de frenar el ascenso de la derecha. Pero, esta convocatoria no alcanzó el eco esperado.
Desde ya, la convocatoria tenía un pecado original: el ala arcista conjuntamente el ala evista son los responsables para la implosión interna del Movimiento Al Socialismo (MAS). En rigor, el presidente Arce careció del tino político suficiente para lidiar con la obsesiva manía por el poder del expresidente Evo Morales. Y, por el contrario, recorrió por el camino más pedregoso: el enfrentamiento encarnizado.
En esa disputa interna, tanto arcistas como evistas, no repararon en ningún momento en el proyecto político del bloque nacional-popular. Enceguecidos para retener o recuperar el poder, en sus cálculos miopes, pensaron que, al ganar la querella interna y quedarse con la sigla capturaban automáticamente con el “voto duro” del MAS que oscilaba entre el 35 y el 40 por ciento.
Este cálculo mecánico se hizo trizas: los arcistas se quedaron con la sigla, pero hoy no alcanza, según las encuestas, al dos por ciento de la expectativa electoral, si se tadujera en las elecciones significaría que el MAS perdería su personaría jurídica. Igual sucede con el reciente Movimiento de Renovación Nacional (Morena) de la alcaldesa alteña Eva Copa, que está en los últimos peldaños de las encuestas bordeando el 1 por ciento. Por último, las expectativas electorales de Alianza Popular (AP), que postula a Andrónico Rodríguez a la presidencia, no rebasan el 15 por ciento en las encuestas.
Hay una cuestión encubierta: el factor Evo, elemento de influencia en muchos bolsones electorales, especialmente en el Trópico cochabambino. Empero, el exmandatario asumió una posición personalista: si él no está en la papeleta electoral, según él y sus allegados, “No hay democracia” y, por lo tanto, él manifestó por “dignidad” no va a apoyar a ningún frente electoral que representa al bloque nacional-popular. Aunque, hay la posibilidad de negociar por debajo. Asimismo, AP descartó la propuesta del actual presidente. O sea, la unidad de la izquierda del bloque nacional-popular se desahucia.
El tejido interno no solo del MAS, sino que se extendió al propio bloque nacional-popular, está hecho trizas. De allí, la propuesta de unidad no interpeló porque además el actor que propone no tiene legitimidad interna en el MAS. Más bien, es una acción desesperada de los arcistas para que la sigla del MAS no desaparezca del espectro electoral y asumir la responsabilidad de esa posible hecatombe política que significa cargar sobre sus espaldas este bulto.
Esta imposibilidad de la cohesión electoral del bloque nacional-popular quizás sea el resultado de incoherencias políticas de los actores estratégicos y sus allegados que condujeron al MAS al abismo. Las irresponsabilidades políticas establecieron un tejido perverso y tóxico que empujaron a reavivar las energías de sectores conservadores para alcanzar el poder. Allanaron el derrotero para que los partidos políticos opositores vieran desde palco cómo los actores internos del MAS se hacían añicos. Entonces, esta implosión al interior del MAS contribuyó a la crisis económica y, a la vez, esta crisis restó posibilidades electorales a los partidos del bloque nacional-popular que, sumados a la imposibilidad de unidad, configuraron un círculo vicioso.
*Es sociólogo





















































































