Lo suyo es de manual. Son los macarras de los comicios. Hoy habitan los márgenes, pero no dan tregua: “Anunciando el apocalipsis/van de salvadores”. Su especialidad es la narrativa del fraude electoral y otros mitos desinformativos. “Si no fueran tan dañinos/nos darían lastima”. Veamos:
– Si hay buen tiempo y los cementerios se portan generosos, el 17 de agosto unos siete mil difuntos saldrán a votar. No está mal. Para hacerse los vivos, usarán sus mejores trajes y mucho maquillaje. Varios deben regenerar huellas. Y actualizar su carnet. Nunca se ha visto uno en las urnas, pero el señor chillón de la tele nos ha dicho que en Bolivia “los muertos votan” (sic 1).
– Los finados sufragantes no son lo más grave. Un exdefensor del Pueblo, nada menos, con sobredosis de resentimiento, acaba de tuitear que existe “un millón de votos fantasmas” (sic 2). Pueden ser decisorios. ¿Dónde emiten su voto? En recintos y mesas también fantasmas, por supuesto. La fuente de su denuncia es una denuncia sin fuente. Suspiramos.
– Por si no bastaran muertos y fantasmas, habrá una gran invasión foránea. Tres señoras lanzaron la terrible alerta: “Maduro va a traer al país tres millones de venezolanos justo para las elecciones” (sic 3). ¿Se imaginan? “Huele mal, chicas”. No sabemos si podrán votar, pero seguro están adiestrados “para organizar después a las huestes”.
– Hay más. Como juran algunos grupúsculos raritos (un tal Conade, un tal Bunker, por ejemplo), en Bolivia “el voto rural vale tres veces más que el voto urbano” (sic 4). Existen muchos análisis y estudios que desmienten con evidencia semejante falacia, pero son todos embusteros. La única verdad es que el régimen electoral está diseñado para el “fraude sistémico” (ufa).
– No podía faltar un clásico: como parte del material electoral, el TSE está preparando 35.253 bolígrafos especiales (uno para cada mesa) “con tinta que se borra” (sic 5). El modus operandi es finísimo: marcas tu voto, se borra con el calor del fuego y luego se marca en otra casilla. No está claro todavía cómo pasa todo eso dentro del ánfora.
– Pero hay que asegurar el triunfo. Terminada la votación y el conteo público de votos en mesa, “se alteran las actas” (sic 6). Si eso falla, “se manipulan datos en el sistema” (sic 7). Salen sobrando las copias/fotos del acta, los jurados, los observadores, los delegados partidarios, los medios… Todos son cómplices.
Así opera el fraude del “fraude”. Y después no falta algún opaco personaje justificando con indulgencia sucesiones inconstitucionales como la de 2019: “Yo estuve en las reuniones de la Católica” (recontra sic). Macarras.
FadoCracia demoscópica
- Si las encuestas no fallan (tanto), el próximo domingo no habrá presidente electo. Los ocho candidatos serán perdedores, todos minoritarios. Tendremos inédita segunda vuelta entre los dos más votados. 2. Si las encuestas no encubren (tanto), esos dos hombrecitos pueden ser S y T, ambos de la derecha tradicional, neoliberales, políticos desde hace más de 30 años. 3. ¿Qué pasa con A, de quien se decía que incluso podía ganar en primera vuelta? ¿De qué tamaño es su “voto oculto”? ¿Concentrará el apoyo nacional popular? 4. Según el ranking, M y R están tercereando. No llegarán a Palacio, pero con sus pequeñas bancadas pueden negociar membresía en la futura migacoalición. 5. Raspando, los residuales J y E salvarían la sigla. Sigan participando. 6. En la colita está el risueño P. Su partido, “batalla cultural” en mano, merece desaparecer. 7. Desde su burbuja/trinchera, con la consigna del voto nulo, el caudillo proscrito, montado en el mal Gobierno del otro caudillo, le regalarán dos tercios de asambleístas a la derecha. Quieren escribir el epitafio del proceso. El diablo sabe para quien trabaja.
*Es politólogo.





















































































