Ya cerrando el bicentenario de la independencia de nuestro país, se hace necesario tomar distancia de la coyuntura electoral para no caer en el torbellino mediático y tecnológico de las redes sociales con su cada vez más nociva simpleza y uso del algoritmo para alimentar el morbo mediático. Nos tocó llegar a este aniversario con más preguntas que respuestas; no solo por las dificultades económicas, sino por una situación que no se daba en varias generaciones: la tensión de un proyecto político para el país.
Pensar que un proyecto político con horizonte histórico se concreta de la noche la mañana o en algunos años es una ilusión tentadora, en muchos casos pasaron décadas para identificar sus transformaciones y límites. Éste es el caso del Estado Plurinacional; mientras algunos perciben que ya se consolidó, más bien vemos que se enfrenta a tensiones de la propia trayectoria de la sociedad boliviana, es decir a los problemas estructurales a los que todos los proyectos políticos se han enfrentado en Bolivia. En lo cotidiano, vivimos los problemas estructurales a flor de piel, pero encubiertos por la “viveza criolla” o por las aspiraciones individuales para conseguir un ascenso social dentro el fantasioso discurso desarrollista del capital. Pareciera que los efectos no deseados e imprevisibles de la mejora de condiciones de vida y la redistribución de la riqueza de las últimas décadas se entrelazaron con los problemas de la modernidad occidental y resultaron en un contrasentido a los propósitos de convivencia plural planteados en nuestra constitución.
Los problemas de décadas atrás siguen ahí: la violencia estructural, la corrupción estructural, el rezago estructural de aprendizajes en lo educativo, la condición de dependencia económica, los dilemas de soberanía y seguridad alimentaria, la crisis climática, la condición colonial, un sistema de salud precario, la sobreexplotación de recursos naturales, para identificar algunos en distintos ámbitos. Ninguno de los candidatos actuales se refirió de manera clara y con propuestas a largo plazo sobre ellos. Ése también es indicio de lo superficial de estas elecciones articulados a los prejuicios prefabricados y ya instalados desde hace varios años en muchos sectores sociales sobre la complejidad boliviana y la percepción cuasi negativa de la diversidad. No se está pensando el futuro de Bolivia estructuralmente.
Un pequeño ejemplo de cómo se viven los problemas estructurales día a día es el transporte y en él estamos involucrados los usuarios, los transportistas, las autoridades, la normativa, etc. Lo primero que salta a la vista es el desorden de circulación, tanto de transportistas como usuarios, con el famoso aproveche-aprovecharé, los autos deteniéndose en media calle para que suba o baje el usuario, sin respeto de las cebras en cruce de calle ni del semáforo, el no dar prioridad al peatón, el no respetar los límites de velocidad ni el cumplimiento de horarios y rutas con el nefasto “trameaje”. Ni qué decir del trato entre personas, la falta de limpieza de unidades y también del maltrato a los asientos por los usuarios, botar basura dentro y fuera de transporte, etc. El costo del pasaje aumentó este año en todo el país con el pretexto de que se renovarían los autos, un mejor trato y cumplimiento de acuerdos, pero nada cambió. Debe llamarnos la atención también que las nuevas generaciones no tienen empatía, solidaridad ni atención a los adultos mayores o a quien lo requiera; todos y todas aferrados a su celular.
Detrás del ejemplo están los problemas estructurales del país y que no se solucionan solo con discursos o promesas electorales. Este tiempo muestra la permanente urgencia de construcción de Estado, de los cambios culturales subjetivos con identidad, continuar con la justicia social y reducir desigualdades en toda la sociedad que se dejan de lado por ansias de poder, los lujos y promesas de riqueza inmediata, de “libertad” que más parece libertinaje, y de promesas que no ven nuestras historias, nuestra realidad diversa y nuestros problemas estructurales. ¿Qué ofrecen los candidatos y, sobre todo, cómo lo harán? Es lo que no mostraron y solo se refugiaron en eslóganes para “salvar” al país. Esperemos que el resultado de estas elecciones no sea un retroceso de lo que tanto costo avanzar a todos.
Jorge Ocsa Laime
realizó estudios en Sociología e Historia.
















































































