El 19 de agosto de 2025, Jorge Quiroga fue entrevistado por el periodista Eduardo Feinmann en el canal argentino LN+. En su intervención más destacada, elogió al presidente Javier Milei por su «fuerza de convicción» y trazó un supuesto camino al éxito: bajar la inflación, abrir el cepo cambiario y conseguir mayoría para implementar reformas. Según Quiroga, si se lograban estos objetivos, Argentina ingresaría en una “espiral virtuosa” de crecimiento económico y estabilidad política.
Ver entrevista completa en https://www.youtube.com/watch?v=mZfL0aNE5hM
Sin embargo, la realidad actual del país contradice rotundamente ese diagnóstico.
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Tras la reducción inicial de la inflación y la apertura del cepo, el Gobierno de Milei obtuvo un desembolso de US$ 20.000 millones del FMI. Pero en vísperas de las elecciones provinciales del 7 de septiembre de 2025, los mercados comenzaron a reaccionar negativamente ante el creciente riesgo político. Luego de una contundente derrota electoral, los desequilibrios económicos se profundizaron rápidamente:
- La Bolsa argentina registró una de las caídas más severas de su historia.
- JP Morgan ubicó la prima de riesgo país por encima de la de Bolivia.
- El tipo de cambio se depreció un 15% en solo dos meses.
- El Banco Central perdió US$ 1.100 millones en reservas en apenas 48 horas.
Aunque el Tesoro aún cuenta con recursos del FMI, estos están comprometidos para el pago de deuda y no pueden utilizarse para estabilizar el mercado cambiario. Argentina enfrenta vencimientos por US$ 5.000 millones a inicios de 2026, con un riesgo creciente de entrar en default.
En este contexto, sostener que Argentina transita una “espiral virtuosa” resulta no solo difícil, sino insostenible. Lejos de avanzar hacia la estabilidad, el país enfrenta una profunda crisis de confianza, marcada por una economía que pierde equilibrio y una gobernabilidad que se desintegra. La combinación de incertidumbre financiera, tensión social y aislamiento político refleja un escenario opuesto al que describe Jorge Quiroga.
Lo más cuestionable de las declaraciones de Quiroga es la idea de que un apoyo de balanza de pagos —como el otorgado por el FMI— pueda traducirse automáticamente en apoyo político o en capacidad para hacer reformas estructurales. Numerosos estudios, incluso del propio Fondo Monetario Internacional, muestran lo contrario: estos programas suelen debilitar políticamente a los gobiernos que los aplican. El caso Milei es una prueba viviente.
Convicción personal no siempre se traduce en liderazgo efectivo. Un líder necesita también capacidad de análisis, sensibilidad política y voluntad de adaptación. Milei —y por extensión, la visión que Quiroga respalda— ha demostrado carecer de estas cualidades fundamentales.
Este tipo de visión tecnocrática, que separa la economía de la política, no es nueva. En Bolivia ya fue aplicada con trágicas consecuencias. Recordemos al expresidente Gonzalo Sánchez de Lozada, quien, frente a un déficit fiscal, optó por imponer un impuesto a los salarios y declaró que prefería un caos social antes que uno económico. Su gobierno terminó abruptamente en medio de una grave crisis social.
Las élites conservadoras bolivianas siguen repitiendo ese patrón: confunden firmeza con obstinación, tecnocracia con visión estratégica, y convicción con infalibilidad. La historia —aquí y en otros países— ha demostrado que este tipo de liderazgo, lejos de fortalecer la democracia, la debilita.
(*) Jaime Jordán Costantini es doctor en Economía y docente universitario
















































































