En el presente balotaje, los programas de los dos frentes se elaboran con pensamiento binario, y en el fondo, son lo mismo. Contra ello, ejercitemos pensamiento crítico/divergente como un ejercicio empírico, preguntándonos: ¿qué idea de progreso tienen para Bolivia los actuales candidatos y sus asesores?
Como el pachamamismo y el vivir bien están en debacle (urge una autocrítica despiadada de las dos últimas décadas), vamos a un clásico del pensamiento occidental para cuestionar la idea de progreso que ahora revive con el movimiento pendular de los ciclos históricos.
Consulte: El arte y lo pluricultural
La idea de progreso en Walter Benjamin (Berlín, 1892–1940) se caracteriza principalmente por una crítica radical a la concepción tradicional y lineal del progreso histórico, desarrollado a partir de la Ilustración, y basado en la creencia en una mejora continua y automática de la humanidad a través del tiempo. Benjamin rechaza tres postulados: que sólo sea un progreso del género humano (sometiendo a la naturaleza), que sea interminable (desconociendo los límites del planeta), y que sea inevitable (¿porqué el progreso materialista del capitalismo es el único camino?). Propone, además, una concepción cualitativa del tiempo histórico, centrada en la memoria, y en la posibilidad de rupturas revolucionarias que rompen la continuidad lineal de la historia. El desarrollo tecnológico e industrial, que para otros es avance, para él es destrucción y regresión social. Las diferencias entre Benjamin y las filosofías burguesas son sustanciales y apuntan a la concepción lineal de progreso del capitalismo. En el actual balotaje, la narrativa del progreso lineal seduce a la clase media citadina, y de paso, a los qamiris alteños, a mineros cooperativistas, a narcotraficantes/contrabandistas y a cuentapropistas (todos amontonando su capital en cuatro ciudades del eje).
Es obvio afirmar que las narrativas sobre el progreso responden a ideologías contrapuestas de bloques imperiales. Pero, ¿será posible reivindicar otra vía diferente de progreso más contemporáneo, y me atrevo a decir, más humanamente civilizado?
Volviendo al inicio, ¿qué progreso postulan ambas candidaturas para este siglo XXI? Para mi persona, un progreso lineal, extractivista, y depredador, que nos llevará hacia la catástrofe social y ecológica. Pero soy optimista, y presiento que la “tierra está pariendo un corazón” en el pecho de jóvenes estadistas de una tercera vía, con programas revolucionarios y disruptivos como: federalismo contemporáneo, desurbanización con ciudades intermedias, migraciones e interculturalismo, desarrollo humano privilegiando salud y educación, en un contexto ecológicamente sostenible y sustentable.
(*) Carlos Villagómez es arquitecto
















































































