A pocos días de la segunda vuelta electoral del 19 de octubre, el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF) advirtió que Bolivia atraviesa un deterioro macroeconómico profundo, con desequilibrios fiscales, financieros y externos que amenazan con agravar la crisis económica.
El informe del organismo, publicado esta semana y difundido por Bloomberg en Línea, sostiene que el déficit del gobierno central —sin incluir a las empresas estatales— alcanzará el 14% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2025, mientras que el desequilibrio fiscal consolidado rondará el 20% del PIB, uno de los más altos entre los mercados emergentes.
“Este es uno de los mayores déficits en tiempos de paz y, críticamente, es estructural”, afirmó Jonathan Fortun, economista sénior del IIF.
IIF
Según el análisis, la política fiscal boliviana se ha desvinculado del ciclo de las materias primas, con una caída sostenida en los ingresos por hidrocarburos y un gasto inflexible en subsidios, transferencias y salarios públicos.
El documento destaca que los subsidios a los combustibles continúan siendo el principal pasivo fiscal del Estado. Su eliminación o reforma, advierte, pondrá a prueba la estabilidad política y social del país. “Incluso los escenarios optimistas de precios de materias primas no pueden cerrar el desequilibrio”, subraya Fortun.
El sector exportador también enfrenta un escenario adverso. La producción de gas natural, que en 2016 superaba los 55 millones de metros cúbicos diarios, cayó a menos de 32 millones en 2023, lo que ha convertido a Bolivia en un importador neto de energía, según el IIF.
Bolivia
La falta de inversión en exploración ha limitado la capacidad del país para cumplir sus contratos de exportación y ha reducido el ingreso de divisas, profundizando la presión sobre las reservas internacionales, que se encuentran en mínimos históricos.
Ante la imposibilidad de acceder a los mercados internacionales, el informe señala que el Tesoro General depende cada vez más del sistema financiero interno, en particular de los bancos nacionales y de la Gestora Pública, que administra los fondos de pensiones. Más del 60% de la deuda interna estaría en manos de entidades estatales, una situación que eleva los riesgos sistémicos y erosiona los fondos de ahorro de los trabajadores.
Futuro
“El modelo de Bolivia ha llegado a su fin. El próximo gobierno deberá navegar una economía ya profundamente en crisis”, sostiene el IIF.
El documento prevé además que la paridad cambiaria del boliviano podría romperse en el plazo de un año, ya sea mediante una salida administrada o una depreciación desordenada. Aunque los diferenciales del mercado se redujeron tras la primera vuelta electoral —por expectativas de un cambio de rumbo económico—, el informe advierte que “los fundamentos cuentan otra historia”.
En su proyección, el IIF anticipa un crecimiento del 0,4% en 2025 y una contracción del 0,5% en 2026, dependiendo del ritmo y profundidad de las reformas.





















































































