El Congreso de Brasil, de mayoría conservadora, restauró el jueves gran parte de una ley que simplifica la autorización de permisos ambientales, un revés para el presidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva y organizaciones ecologistas.
La decisión ocurre apenas días después de que Brasil albergara la COP30, la conferencia de Naciones Unidas sobre cambio climático, en la ciudad amazónica de Belém.
Lula había vetado 63 disposiciones de la norma aprobada inicialmente en julio, bautizada por sus detractores como la ley de «la devastación»,
Pero en una sesión conjunta de las dos cámaras el jueves, los parlamentarios revirtieron un 80% de los vetos presidenciales.
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Licencias ambientales
La coalición de oenegés Observatorio del Clima deploró «el peor retroceso ambiental de la historia» de Brasil.
Para obtener ciertas licencias solo se requerirá la mera declaración del compromiso de la empresa con la protección del medioambiente.
Aún deberán ser analizados siete vetos sobre la «prioridad» de otorgar licencias para obras consideradas «estratégicas» por el gobierno.
«La supresión de los vetos contradice el esfuerzo ambiental y climático del gobierno que acaba de realizar la COP30. Una pésima noticia», escribió en X la ministra de Relaciones Institucionales, Gleisi Hoffmann.
El gobierno brasileño había advertido el miércoles que una eliminación de los vetos «puede tener efectos inmediatos y de difícil reversión», al citar el «preocupante escenario de desastres climáticos extremos».
Sectores ligados a la producción agrícola o la infraestructura celebraron la medida como una agilización de los procedimientos burocráticos.
Lula «quiere poner obstáculos al agronegocio, que es lo único que todavía funciona bien económicamente en Brasil», afirmó durante el debate legislativo el diputado Sóstenes Cavalcante, aliado del expresidente ultraderechista Jair Bolsonaro.




















































































