Sudamérica ha emergido como el destino preferido para la inversión minera global, concentrando el 74% del valor de transacciones de fusiones y adquisiciones en 2025. Según McKinsey & Company, de los aproximadamente $us 30 .000 millones en operaciones registradas hasta el tercer trimestre, la mayor parte fluyó hacia Chile, Perú y Argentina.
Este fenómeno contrasta radicalmente con otras regiones: mientras el valor de transacciones en Sudamérica aumentó más del 200% desde 2021, África experimentó una caída cercana al 80% en el mismo período. Los inversionistas están reorientando su capital hacia jurisdicciones percibidas como más estables y con mayor certidumbre regulatoria.
El atractivo de la región radica en su dotación estratégica de minerales críticos. Chile y Perú representan más del 34% de la producción mundial de cobre, mientras que el «Triángulo del Litio» (Argentina, Bolivia y Chile) posee más de la mitad de las reservas globales de este mineral esencial para la transición energética.
Argentina destaca especialmente, proyectándose como el productor de litio de más rápido crecimiento y con potencial para convertirse en el segundo productor mundial para 2028. Esta transformación posiciona a Sudamérica como pieza clave en el tablero geopolítico de la descarbonización global.
Este flujo responde a un «ajuste en la percepción de riesgo» por parte de los inversionistas. Éstos ahora favorecen regiones con mayor certeza regulatoria, marcos permisivos claros y huella operativa ya establecida. La llamada «Super Región» (que abarca África, Asia Occidental y Asia Central) posee más del 50% de las reservas mundiales de minerales críticos. Sin embargo, es Latinoamérica la que atrae el capital.




















































































