El 14 de febrero de 2001, un grupo de cruceños ocasionó un terremoto político en la élite dirigencial y cívica, además de desorientación entre los intelectuales y académicos del sistema. Estupefactos y de reojo leían el Memorándum de la Nación Camba, que los ponía en el banquillo de los acusados por no saber liderar a esta pujante región del país y lanzaba un enorme reto: ser libres y autónomos del centralismo:
«Apoyados en el derecho a la autodeterminación nacional, y en la posibilidad de realizar reformas constitucionales conducentes a materializar estos logros, proclamamos la necesidad de convertir a Santa Cruz en una región autónoma, dotada de gobierno propio y amparado por un estatuto especial de autonomía que sea la expresión del poder cruceño, como reconocimiento formal y legal de nuestra nación-estado». Así ponía las semillas para el debate sobre si en Santa Cruz había o no un poder político que impulse a la élite dirigencial a construir un liderazgo nacional gravitante.
¿Por qué generó oposición en las mismas élites cruceñas? Le preguntamos al médico Carlos Dabdoub, fundador, entre otros, de este movimiento: «Se trataba de una posición ideológica diferente a la que sostenían algunos intelectuales y empresarios cruceños, influenciados por el centralismo, si bien esta propuesta ya había sido manifestada por un movimiento ciudadano (M-26) y luego consensuada en 1986, durante las Jornadas Santa Cruz 2000».
Discurso único
Hasta ahí llegó esta propuesta, puesto que desde el Comité pro Santa Cruz se pretendió construir e instalar el discurso único en torno al poder cruceño, que solo una élite dirigencial política podría ser la representante, y fuera de ello eran traidores y enemigos los que se oponían. «O estás con Santa Cruz o estás contra Santa Cruz», eran las arengas cívicas.
Tres profesionales nos ayudarán a comprender las contradicciones y el devenir de la élite dirigencial y el poder cruceño en su dimensión política.
¿Santa Cruz tiene una élite dirigencial que oriente, tenga un discurso y estrategias para conquistar el poder político? La primera pregunta:
Reymi Ferreira, abogado, exrrector de la UAGRM, exministro de Estado, nos lanza esta respuesta: «Santa Cruz tiene una élite económica muy dinámica y moderna, carece de una élite política. No es que no tenga poder político, tiene poder político, pero es un poder que se sustenta en el poder económico y en sentimientos de identidad regional. En una democracia moderna, las élites políticas son élites para la democracia, están más allá de posiciones localistas o no son simples cadenas vinculantes con el empresariado. Esa es la razón por la que, pese a que Santa Cruz es el departamento con mayor PIB y mayor población, no ha logrado construir un discurso que lleve candidatos a la región a la Presidencia. Existe una paradoja en Santa Cruz: mientras tiene un empresariado del siglo XXI, algunos de sus políticos influyentes han retrocedido al siglo XVI al recurrir, por ejemplo, no solo al localismo sino hasta a la religión para hacer política, como en la Edad Media».
Cambio dirigencial
Carlos Guzmán, joven profesional en Ciencias Políticas, comparte su respuesta: «Luego de dos décadas de gobierno del MAS, donde tuvo una mayoría hegemónica en gran parte del país que arrinconó a otros bloques de poder, sectores y discursos antagónicos, entre ellos la dirigencia cruceña, Santa Cruz está en un momento de cambio dirigencial que va a ser refrendado por las elecciones subnacionales. Gran parte de la dirigencia y de los bloques de poder que cogobernaron con el MAS en el pasado van a perecer en estas elecciones. Ahí está el desafío de este nuevo cambio dirigencial: que tenga una propuesta y políticas claras desde Santa Cruz para el resto del país, que asuma el liderazgo del departamento más grande y productivo para el beneficio de los bolivianos».
Aníbal Jerez, con el dedo en la llaga: «En Santa Cruz hay facciones de representación de grupos económicos-políticos que se autoasumen ‘la élite’ y que se expresan en una narrativa que se autodefine como ‘la cruceñidad’, y que los mismos, en el tiempo, han construido ‘mitos ideológicos’ en temas como la marginación de Santa Cruz del poder, los avasallamientos del centralismo y de ‘los collas’, y que todo lo hizo la cruceñidad a puro pulmón. Los miembros dirigenciales que constituyen y dan vida a ‘la cruceñidad’ son las facciones de la institucionalidad cívica, la dirigencia de las cámaras empresariales y sus aparatos, algunos grupos beligerantes como la Unión Juvenil Cruceñista, los medios de comunicación como las dos cadenas de TV más grandes de Bolivia y otros medios con gran despliegue en las RRSS. Incluso en las dos últimas décadas, exdirigentes cívicos incursionaron abiertamente en política partidaria como candidatos y otros ocupando altos cargos ministeriales y organizando asociaciones o partidos políticos».
Autonomías y federalismo
La élite dirigencial y cívica enarboló las banderas de las autonomías, del federalismo, las cuales fueron usadas para imponer el discurso único; pero luego de conquistar el Estatuto Autonómico Departamental, esa promesa de las autonomías quedó no solo a medio camino, sino sin concreciones. Desde las mismas contradicciones y pugnas entre el gobernador y vicegobernador, que a los meses de que iniciaron sus gestiones se convirtieron en enemigos y acusados, el uno y el otro, de ser el traidor. «El poder de las élites en Santa Cruz se caracteriza por su control del capital. A diferencia del poder del Estado boliviano, que está asentado en el ejercicio de la violencia vía las Fuerzas Armadas y el amedrentamiento de los bloqueos, el poder cruceño está asentado en el control de los capitales y de los mercados productivos del país», precisa Guzmán, anotando una de las debilidades de esta estrategia política.
Santa Cruz es diversa, plural en los ámbitos políticos, sociales, religiosos, sexuales, ideológicos, pero ¿por qué estos intentos cívicos de unificar el discurso y presionar para favorecer a una tendencia del poder cruceño? Fue la pregunta obligada que, en la opinión de Ferreira, el discurso «cívico» es un «discurso teóricamente apolítico, es decir, representa a todos y no a una tendencia en particular, pero no ocurre. El movimiento cívico es parte de una élite y de una ideología hispanista, liberal, católica y anticomunista, y a título del ‘bien común’ ha defendido el latifundio, el 2006, por ejemplo. El discurso que pretende unificar a lo ‘cruceño’ en el fondo es antidemocrático, porque quien no sigue esa posición es difícil que sea considerado ‘cruceño’; es probable que sea calificado de ‘traidor’. El desafío de la élite política cruceña es abrirse a un discurso nacional, a un proyecto inclusivo que ponga a la par la modernidad económica con la modernidad política».
El desafío de la diversidad
Jerez, que ha transitado la ruta de la dirigencia sindical, auditor gubernamental, apunta bien claro: «Es una impostura la pretensión de un ‘discurso unificado’ del comitéismo cívico y sus aparatos. Los registros históricos de los roles cumplidos por el comitéismo evidencian que este ente y sus representaciones no es la representación de la diversa Santa Cruz. El activismo político de los dirigentes cívicos —no es de convicciones democráticas y de objetivos de participación popular— son expresiones político-ideológicas de la derecha neoliberal del fácil lucro y preferencias estatales, son ‘impostores’ de la verdadera democracia. Son expresiones político-ideológicas de la derecha neoliberal gustosa del mayor y fácil lucro, de subvenciones, subsidios y preferencias arancelarias e impositivas, por lo cual se olvidan del ‘centralismo avasallador’ y pasan a integrar gobiernos. Toda la institucionalidad y dirigentes representantes de ese poder —en el tiempo— tiene suficientes registros de participación en varios golpes de Estado, lo cual permite inferir a su discurso como ‘impostores’ de la verdadera democracia».
Lúcido y rebelde, Sergio Antelo (1941-2018), intelectual e impulsor de la Nación Camba, propone el camino por el que debe transitar el poder cruceño y la sociedad: «El futuro tiene dos salidas: o el desarrollo social con identidad propia o la diáspora. El primero solo es posible cuando dejemos de ser una colonia interna que vive bajo la tutela de la etnia dominante, la misma que ejercita una especie de subimperialismo del tribal del quinto mundo. Santa Cruz tiene el peso político para imponer sus propias condiciones, como estrategia política a mediano y largo plazo».
¿Tiene una ruta u objetivo el poder cruceño y su élite dirigencial para romper el localismo y ser protagonistas en el ejercicio de la política nacional?






















































































