A tres meses de iniciado el gobierno de Rodrigo Paz, la evaluación de su gestión económica muestra un balance positivo en señales y decisiones iniciales, pero todavía vulnerable y sin reformas de fondo que aseguren una estabilización duradera.
Así lo sostiene el economista Fernando Romero, quien califica este primer tramo como un “buen cambio de rumbo, aunque aún insuficiente”.
Avances
Según el análisis, uno de los principales logros del nuevo Gobierno fue el giro creíble hacia una economía más abierta al mercado, que permitió recomponer relaciones con organismos multilaterales y mejorar el clima con el sector privado.
Este cambio se tradujo en un rápido acercamiento a entidades como el Banco Interamericano de Desarrollo, CAF-Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe y la JICA (Agencia de Cooperación Internacional de Japón), con compromisos de financiamiento por alrededor de $us 8.000 millones, lo que ayudó a evitar una crisis inmediata de liquidez externa.
Romero destaca también como una decisión central y políticamente costosa la eliminación de la subvención a los carburantes, medida que rompió con una política de casi dos décadas y generó un ahorro fiscal estimado en $us 400 millones. A su juicio, esta determinación envió una señal clara de disciplina fiscal y realismo económico, además de contribuir a reducir el contrabando y la salida de divisas.
Debilidades
No obstante, el economista advierte que los avances observados hasta ahora responden más a expectativas y medidas coyunturales que a transformaciones estructurales. El déficit fiscal sigue siendo elevado, el Banco Central continúa financiando al Tesoro General de la Nación con créditos de largo plazo, las reservas internacionales líquidas son bajas y el tipo de cambio permanece tensionado, con escasez de dólares en el mercado formal.
Asimismo, la economía continúa en recesión, con una caída estimada cercana al 1% en 2025, y una inflación que cerró el año pasado por encima del 20%, factores que, según Romero, evidencian que aún no existe un plan integral de ajuste fiscal ni una reforma cambiaria ordenada.
En ese contexto, el análisis concluye que 2026 será un año decisivo para el gobierno de Paz. Si se avanza hacia un ajuste fiscal estructural, una corrección gradual del régimen cambiario y una recuperación de la independencia del Banco Central, Bolivia podría encaminarse a una estabilización económica. De lo contrario, los riesgos de crisis fiscal y cambiaria seguirán latentes, pese a las señales positivas mostradas en los primeros cien días de gestión.





















































































