La combinación entre el desencanto político de la juventud, el crecimiento sostenido de Santa Cruz y la mayor incidencia del empresariado en la toma de decisiones públicas está reconfigurando el mapa del poder en Bolivia, según el análisis de la politóloga Natalia Aparicio.
En entrevista con Piedra, Papel y Tinta, de La Razón, la analista sostuvo que el país atraviesa un proceso simultáneo de transformación generacional, territorial y económica, que incide directamente en el modelo político y en la manera en que se construye liderazgo. “Existe una brecha profunda entre la juventud y el sistema político. Los jóvenes no se sienten representados y eso genera apatía, desconfianza y una desconexión peligrosa con la institucionalidad democrática”, afirmó este jueves.
Natalia Aparicio
Aparicio advirtió que, pese a que los jóvenes representan el segmento mayoritario de la población, su presencia en cargos de decisión es limitada y simbólica. “No existe una apuesta real por el recambio generacional. Se los utiliza más como base electoral que como actores políticos con poder real”, apuntó.
En paralelo, la politóloga subrayó el peso creciente de Santa Cruz como eje económico, productivo y social del país. Indicó que el departamento concentra oportunidades laborales, inversión privada y migración interna, lo que ha modificado la distribución territorial del poder. “Santa Cruz se ha convertido en un polo de atracción que redefine las dinámicas económicas, políticas y culturales de Bolivia”, explicó.
Este crecimiento, añadió, fortaleció el rol del empresariado en la agenda pública. En su criterio, los actores privados ya no solo inciden en la economía, sino también en el diseño de políticas públicas. “Hay una presencia empresarial cada vez más activa en la discusión política, lo que obliga a replantear la relación entre el Estado y el sector privado”, sostuvo.
La politóloga remarcó que este nuevo escenario exige un liderazgo más dialogante, moderno y capaz de articular intereses regionales, sociales y productivos. “El país demanda un modelo económico que genere empleo, estabilidad y oportunidades, especialmente para los jóvenes”, afirmó.
Finalmente, Aparicio advirtió que, si el sistema político no logra adaptarse a estos cambios estructurales, se profundizará la crisis de representación y se ampliará la distancia entre la ciudadanía y el poder. “Bolivia se encuentra en una etapa de transición que definirá su rumbo político, económico y social en los próximos años”, complementó.




















































































