El mercado global del aluminio atraviesa una crisis sin precedentes, impulsada por la guerra en Oriente Medio, aranceles proteccionistas y un déficit crítico de oferta. Ataques iraníes en marzo pasado dañaron la fundición Al Taweelah de Emirates Global Aluminium (EGA) en Abu Dhabi, con recuperación estimada en un año. Además fueron afectadas las instalaciones de Aluminium Bahrain (Alba), reduciendo 9% de la producción mundial desde el Golfo Pérsico.
El bloqueo del Estrecho de Ormuz complica los envíos. Los inventarios en LME (London Metal Exchange, Bolsa de Metales de Londres, principal mercado mundial de futuros de metales no ferrosos como aluminio) caen por debajo de 400.000 toneladas. En CME (Chicago Mercantile Exchange, bolsa de futuros de commodities donde se negocian contratos de aluminio primario) un 70% menos, con metal ruso sancionado acumulándose.
En EEUU, los aranceles del 50% impuestos por el presidente Trump elevan los precios locales a $us 5.000 la tonelada. Wood Mackenzie pronostica un déficit de 4 millones de toneladas en 2026, el mayor en décadas. China domina la producción, pero exporta semiproductos bloqueados; Occidente carece de capacidad reactivable por costos energéticos.
El aluminio es vital en la economía mundial. Es el segundo metal no ferroso más usado con 65 millones de toneladas requeridas cada año. Es esencial en envases, vehículos eléctricos, aviación (por ligereza y conductividad) y renovables (turbinas eólicas, paneles solares). Su producción representa aproximadamente el 3% del consumo energético industrial global.




















































































