Nueva York estalló en celebraciones tras el partido en Texas, con los aficionados lanzando fuegos artificiales y una cacofonía de vítores y bocinas de coches resonando por toda la ciudad.
«¡Los Knicks en cinco!», coreaba la multitud después de que la dinastía local del baloncesto cerrara la serie de siete partidos en cinco juegos.
«Ha pasado tanto tiempo, ha tardado tanto en llegar», dijo Stephen Maltz, un piloto de avión de 31 años, en una fiesta organizada para ver el encuentro en el barrio de Bushwick, en Brooklyn.
«Y justo (sucede) en un momento en el que la ciudad necesita algo por lo que emocionarse», añadió Maltz, quien se quitó de un tirón la característica camiseta naranja y azul de los Knicks y corrió por la calle para celebrarlo.
Bares y calles abarrotadas –
Times Square, en el centro de Manhattan, se llenó de aficionados de Brasil y Marruecos tras su enfrentamiento en Nueva Jersey, pero el resto de la ciudad se desbordó con multitudes eufóricas de seguidores de los Knicks.
«Todo el mundo podía unirse en torno a los New York Knicks, y eso es lo que estamos haciendo ahora mismo», afirmó a la AFP Austin Fitzgerald, de 31 años, quien trabaja en una central eléctrica. «No hay nada comparable a la emoción del baloncesto neoyorquino».
Aunque Fitzgerald reconoció que la urbe disfrutará de la victoria, insistió en que la Gran Manzana estará ahora lista para acoger plenamente el Mundial.
«Creo que aquí hay más aficionados al fútbol y al fútbol americano que en cualquier otra ciudad de Estados Unidos», afirmó. «Celebrar los partidos en el MetLife y poder quedarse en la ciudad y desplazarse» resultaría atractivo para los neoyorquinos que se inician en el fútbol, añadió.
En Midtown, los bares estaban tan abarrotados que los aficionados de los Knicks se vieron obligados a asomarse por las ventanas para ver los emocionantes momentos finales del partido.
¿Baja fiebre futbolística?
En una zona industrial de Brooklyn, el encargado de un campo de fútbol indoor comentó, antes de la victoria del quinteto neoyorquino, que «por supuesto los Knicks eclipsan el Mundial, y es normal».
«Es difícil competir con una institución tan profundamente arraigada», dice Lucas Matuszewski, mientras a su espalda unos niños del barrio le dan patadas al balón en un campo de césped sintético.
«El baloncesto es muy querido en la ciudad», añadió el joven, de 24 años.
Graeme Buckingham, que ha venido de Escocia para apoyar a su equipo, describe el nivel de «fiebre futbolística» en Nueva York como «bajo».
«Yo probablemente esperaba un poco más, más aficionados. Pero como pueden ver, aquí lo que manda es el básquet», comenta este hincha, de 53 años, en una conversación en el barrio de Wall Street.
Aidan Smith, director de comunicación de un club de fútbol escocés, llevaba tanto una gorra de los Knicks como la equipación completa de su selección.
«La verdad es que no he visto mucho (de la fiebre mundialista). He visto a algunos compatriotas escoceses, pero aún no se nota un gran revuelo al respecto», dijo el hombre, de 29 años.
Había indicios de que los negocios esperaban que la fiebre del balompié llegara con retraso.
«Sin duda creo que va a ser una locura, sobre todo en este pub, porque somos un pub de fútbol», apuntó Vanessa Whalen, propietaria del Black Bull en Brooklyn.
(14/06/2026)















































































