Introducción: los cincos seleccionados nacionales de Bolívar (Rocha, Paz, Robson, Ramiro y José Sagredo) no está en la final, partido de vuelta. Sus internacionales por Venezuela (Ramírez) y por República Dominicana (Dorny), sí están. Los sancionados de un lado y de otro ven como se levantan sus amarillas: son Justiniano y Jesús Sagredo (por Bolívar); y los uruguayos Alaniz y Acosta más el central Romero (por Blooming). Los “pascaneros” no ceden a su arquero Uraezaña. La selección importa menos que un torneo amistoso. Así nos va.
La norte, la recta y la “prefe” lucen a rebosar; en la vacía curva sur (si era habilitada, se llenaba igual) aparecen ocho grandes pantallas donde se proyectan durante todo el partido el escudo y frases celestes por el Centenario.
Nudo: los dos entrenadores colocan el mismo dibujo con un solo volante de contención (“Justi” y Spenhay, respectivamente). Robatto y Soria comparten la misma idea: esa que ataca en tromba; esa que anhela meter siempre un gol más que rival (el estilo que Cruyff implantó en el Barsa); esa que ningunea la mitad de la cancha y convierte los partidos en un “pim-pam-pum” lindo de ver, de constante ida y vuelta.
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Cuando los equipos de ambos juegan, los partidos semejan combates de boxeo con intercambios de golpes por doquier. La diferencia entre las dos “Academias” es que los cinco delanteros de Bolívar tienen más jerarquía (y puntería) que los de Blooming. Así de simple.
Robatto sorprende con los laterales: Saavedra por izquierda y el juvenil pandino Escleizon Freita por derecha. La clave de la final estará en el lateral zurdo de Blooming: Soria coloca incomprensiblemente en ese lugar a Moisés Villarroel, presa fácil de la estrella del partido, “Papu” Velásquez (ayudado por “Tonino” Melgar en los dos contra uno).
Desenlace: la segunda parte es más de lo mismo. Con espacios, Dorny Romero regala su mejor cara (de puntero por izquierda con Fábio Gomes de nueve). Con espacios, “Papu” vuelve loco a Gabriel Valverde que entra de lateral zurdo para (no) tapar la hemorragia. Soria -fiel a su idea- ignora la marca para atacar y atacar; para fallar y fallar, ora delante de Cordano, ora delante de Lanzillota.
Robatto deberá en la Libertadores resolver la incapacidad para retroceder bien de su equipo; solucionar el escaso compromiso defensivo de sus medios. Aunque dudo que lo haga. Los minutos para los juveniles bolivaristas (Mena, Méndez y Ayhuana) hablan bien del trabajo en divisiones inferiores.
Post-scriptum: Bolívar es un justo campeón. El premio de la copa de verano -pasajes gratis en avión- son para el equipo que menos los necesita. Así de paradójico.















































































