Esta última “A amante” podría tener las líneas contadas dado que su única misión es informar/confirmar a ustedes que renuncié a la Dirección de La Razón y que el Directorio lo aceptó. Fin del comunicado.
El resto son postales.
Postal uno. 15 de octubre de 2010, las caras curiosas y no siempre amistosas me ven entrar a la Redacción haciéndose mil preguntas mientras yo no sé si seguir caminando hacia el final del pasillo o salir corriendo bajo la sombra de esa inmensa rotativa. La imagen me recuerda que nada fue fácil en un inicio. Hubo que tragar sapos como que altos responsables se “olviden” uno y otro día pasarme la portada para aprobarla sabiendo que es la principal responsabilidad de la Dirección. Impedirlo fue un gesto provocador y de muy poca elegancia. Así, tocó desenredar muchas madejas para empezar a tejer una forma de encarar el trabajo periodístico y la gestión de la empresa.
Postal dos. Viernes de Carnaval de un año no recordado. Ahí estábamos, adornando nuestros puestos de trabajo, esperando los choripanes, tomando una cerveza y dejando que la música ponga el vestido de celebración a la cosecha del año bien sembrado. Una compañera reparte los platos de plástico, otro colega sigue inflando globos de colores, una periodista teclea con apuro para cerrar su nota, el responsable de Fotografía está retocando la imagen de tapa mientras pienso que encontré una comunidad, que pese a nuestras eventuales diferencias, nos une un horizonte: que La Razón sea el mejor de los periódicos.
Postal tres. Llega la pandemia y con ella la decisión de la presidenta transitoria Jeanine Añez de no permitir la circulación de periódicos. El primer eslabón de una cadena muy pesada para el periodismo escrito boliviano. No circular es no imprimir, es no hacer periodismo con aroma a tinta, es no poder seguir con los compromisos comerciales, es perder el equilibro financiero, es no alcanzar a cumplir con los salarios… La postal más cruel.
Postal cuatro. Final de una mañana. Allanamiento del periódico en el marco de un caso abierto contra el Presidente del Directorio, Carlos Gill. Es la cereza de un ataque contra el inversionista y contra el periódico La Razón impulsado por actores políticos que encontraron la colaboración entusiasta de identificados periodistas que dedican muchas horas buscando desprestigiar a La Razón. El tiempo y la misma investigación demostró que no había elementos para sostener las acusaciones. No era la última batalla.
Postal cinco. Una mañana de marzo. Toca escribir una renuncia a la casa periodística que fue un trabajo estable por quince años. De pronto la página resulta diminuta para expresar el reconocimiento al empresario Gill que no solo cumplió con lo esperado, sino que terminó siendo un guerrero más de esta montaña de Auquisamaña. En esta página no entra la suma de las jornadas de trabajo esforzado y honesto de un equipo que desde la redacción de noticias hasta la revisión de estados financieros, pasando por la producción de programas, el trapeado de nuestros pisos o la elección de una foto, entrega un pedazo de su vida. En esta página no se podrá describir el valor que cada columnista y cada colaborador le ha dado a este periódico con la publicación de visiones, propuestas, problemáticas, sueños, reflexiones, ensayos… un largo abrigo de ideas y sentimientos para un país y un mundo que sigue buscando encontrarse.
Hay más postales que se guardarán intactas en el álbum de vida de esta “A amante” que hoy se despide con una sonrisa.
Claudia Benavente es doctora en ciencias sociales y stronguista.
















































































