Todos hablan de él, escrutan cada una de sus escasas intervenciones públicas, pronostican sus intenciones, adivinan sus estrategias y predicen hasta sus sentimientos más íntimos. Espeso ruido mediático y político que se construye sobre los silencios y misterios que astuta o ingenuamente cultiva el joven senador y muy poco en base a sus posicionamientos públicos que, paradójicamente, son bastante más claros y que muy pocos toman en cuenta.
Empecemos por lo que sabemos y hasta ahora no ha sido desmentido: Andrónico Rodríguez no es candidato presidencial mientras no exista un mandato orgánico que diga lo contrario. Mientras tanto, el persiste en considerarse como un militante de la fuerza política que tiene como su principal dirigente a Evo Morales.
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De igual modo, a lo largo de su trayectoria en estos últimos cuatro años ha venido insistiendo en la necesidad que el bloque nacional-popular se mantenga unido, alertó varias veces sobre los riesgos que implicaba su división y demostró en varios episodios su deseo de mantener distancia de la confrontación destructiva entre los seguidores más radicalizados de Morales y Luis Arce.
También a lo largo de los últimos años, su posición frente al gobierno de Arce se fue endureciendo, transitando de un deseo de colaborar, incluso cuando las grietas al interior del MAS ya se estaban abriendo, hacia sus más recientes expresiones en las que critica las ineficiencias del gobierno y les reprocha su “campaña monumental de desprestigio”. Endurecimiento que tampoco lo lleva a entrar en la sarta de descalificaciones e insultos que con gran esmero cultivan otros dirigentes.
Algo parecido sucede sobre su relación con Evo Morales, al cual ha manifestado en varias ocasiones su lealtad y reconocimiento, situándolo como un personaje clave en la larga historia de construcción política de poder desde la dirigencia sindical chapareña y asumiéndose él y otros dirigentes de su generación como herederos de esa labor. Posicionamiento no exento de un reclamo moderado por realizar una autocrítica y abrir más espacios a las nuevas dirigencias.
Para verificar esto basta con ver la larga entrevista que concedió el año pasado a Susana Bejarano en El Desacuerdo o tomarse el tiempo de escuchar los argumentos que desarrolló en su último gran discurso en el ampliado del IPSP o en su intervención en el foro de El Deber hace algunos meses. Ideas y posicionamientos que repite consistentemente.
En pocas palabras, el hombre hoy no es candidato, salvo un cambio en las decisiones de sus mandantes sindicales, es políticamente moderado, no muy afecto a las confrontaciones y leal con Evo sin que eso signifique perder sentido crítico y exponer de tiempo en tiempo ideas propias. Francamente, a la vista de este balance, la principal observación que se le podría hacer tiene más que ver con su excesiva prudencia, con sus largos silencios y su escasa tendencia a la dramatización. No es evidentemente el caudillo ruidoso e insolente que algunos aspiran.
Sospecho que justamente este tipo de comportamiento político sui generis es el que le está permitiendo consolidarse en un momento en que una franja mayoritaria de la sociedad esta hastiada de los políticos que hablan de cualquier cosa, que se dedican a complots estúpidos, que se insultan entre sí, que andan preocupados únicamente de su imagen en el espejo y que creen que son el hoyo del queque. Andrónico para algunos quizás es anodino y sin sustancia porque no chilla, escupe ni patalea, pero para la ciudadanía es un alivio, algo es algo.
Pero, por eso mismo, porque es bien visto por las mayorías o al menos no genera tanta desconfianza que el político promedio, es también el sujeto de todas las ambiciones y las manipulaciones. Unos y otros lo ven como un salvador, un competidor, una esperanza en una izquierda popular devastada o una manera de acceder al poder.
Aún más, pocos lo escuchan realmente, reflejan únicamente en él sus deseos y ambiciones, interpretan cada uno de sus gestos en función de sus intereses, construyen una nube de suposiciones, escenarios y divagaciones sobre la nada. Andrónico calla y los augures y oportunistas ronda alrededor diciendo lo que hará y debe ser. Hace mucho que no se había visto tanta paja sin base informativa sólida.
Por lo pronto, el personaje ya ha ganado por el grado de reconocimiento que todo este ruido está creando en torno a él, los que no sabían quién era, ahora ya tienen una idea. ¿Será candidato? Quien sabe, los obstáculos en su camino, si así lo decidiera, son enormes, no hay que engañarse. Empezando porque su viabilidad está íntimamente ligada a su relación con Evo, porque solo tendrá opciones si es un heredero de un proceso y de una historia, leal, pero critico a la vez, cambio con continuidad. Es un ruta muy difícil y estrecha.
Ahí estamos, Andrónico quizás espera con gran paciencia que el drama principal tenga su epilogo. Si la fortuna decide abrirle las puertas, el silencio no será suficiente, no bastará con generar expectativas, tendrá que mostrar que puede hacerse cargo de su futuro y del nuestro. Pero eso es otra historia y aún no estamos ahí.
(*) Armando Ortuño Yáñez es investigador social















































































