Después del martes de ch’alla de Carnaval es cuando comienza el año de verdad. Se cierran negocios más o menos grandes o cientos de pequeños emprendimientos, incluso puestos callejeros, que comenzaron en octubre con vistas a las fiestas de fin de año y que en carnavales marcan su final. A esta altura, los escolares completaron las listas de útiles, terminaron de aclimatarse en el nuevo curso y acabaron de vencer el primer mes de actividades. Ahora es cuando comienza la verdadera pugna por el aumento salarial, los trabajadores ya lanzaron sus solicitudes de 20 por ciento o más de incremento, los empresarios también ya emitieron su inconformidad y todos tomaron la debida pausa en bien de una fiesta que exige baile, comida tradicional, juego y diversión.
Terminada la euforia se inicia el engranaje con la realidad. Comienza el recuento de daños, por ejemplo, la falta de control en las terminales de transporte terrestre donde se hacen de la vista gorda frente a conductores en estado de ebriedad permitiendo que manejen buses de pasajeros, causando la muerte de un elevado número de esas personas que quizás estaban de turistas visitando el Salar de Uyuni, o se trasladaban para bailar en la entrada de Oruro, o iban a reunirse con su familia. ¿Nadie percibió que el conductor estaba ebrio?
En esta ápoca de golpes con la realidad, otra vez nos topamos con las largas filas frente a las gasolineras. Voces agoreras repiten, como en las tragedias griegas, que no hay combustible porque como país no tenemos dinero para pagar a las empresas extranjeras que nos venden tanto la gasolina como el diésel. Lo cierto es que el transportista o quien tiene una pequeña movilidad para su familia vive recordando los días en que cargar combustible no significaba ningún problema y sabe que eso, al menos por ahora, se acabó.
Entre todas las realidades que se deben encarar después del carnaval, están las reconstrucciones por los desastres que ocasionaron las lluvias y que para mal de nuestros pesares no terminan todavía. Las alcaldías deben encarar estas situaciones que siempre parece encontrar en curva a las autoridades, por inexperiencia, por falta de previsión, por mal manejo de sus recursos o porque dejaron archivada a la previsión.
Tampoco podemos olvidar que nos encontraremos con el callejón oscuro en el que nos meterán los políticos para bombardearnos con sus promesas electorales, las denuncias que se lanzan unos contra otros, de sus mentiras disfrazadas de verdades.
Después del baile, de la comparsa, del derroche, viene la realidad y no queda sino darle la cara y afrontarla serenamente, pero con firmeza, con dignidad, con apronte.
Lucía Sauma es periodista.














































































