Valga la pena recordar. El 5 de diciembre de 1984 el Congreso aprobó la Ley de Acortamiento de mandato del gobierno de Hernán Siles Zuazo, un acuerdo de los partidos políticos que tenían bancadas parlamentarias (MNRI, PCB, MIR, MNR y ADN), a convocatoria de la Iglesia Católica.
El presidente había renunciado a un año de su mandato, agobiado por la crisis económica, 20.000% de inflación, el cerco congresal y la inconformidad del campo popular; la ley habilitaba a Jaime Paz Z., su vicepresidente, a ser candidato en las siguientes elecciones. Los que hicieron que fuera electo Siles Zuazo en tres elecciones, obreros y campesinos, estuvieron marginados del acuerdo.
El 1 de julio del 2001 renunció el presidente Hugo Banzer Suárez; por sucesión constitucional asumió el mando el vicepresidente Jorge Quiroga Ramírez. La renuncia se debió a problemas de salud, Quiroga juró el cargo el 7 de agosto, en Sucre, con la presencia del renunciante, para completar el mandato de cinco años de Hugo Banzer.
El 17 de octubre del 2003 renunció Gonzalo Sánchez de Lozada. Fue recién, en horas de la noche, que el Congreso conoció su carta de renuncia, asumiendo como presidente constitucional el vicepresidente Carlos Mesa Gisbert. La renuncia de Sánchez de Lozada se dio después de haber intentado poner orden con el ejercicio de la fuerza del Estado; desde septiembre se había dado enfrentamientos que culminaron con la caravana de muerte que produjo 68 muertos en El Alto, lo que provocó una insurgencia nacional, incluyendo huelgas de hambre, que pedían la renuncia del presidente.
El reconocimiento a Carlos Mesa del pueblo alzado se debió a la declaración pública de rechazo a la represión al pueblo, su no militancia política y a su compromiso de cumplir la agenda de octubre que había proclamado el pueblo en El Alto.
El 5 de junio del 2005 renunció Carlos Mesa, luego de cuatro semanas de marchas y bloqueos en diferentes lugares del país, exigiendo el cumplimiento de la agenda de octubre. La situación convulsiva en la ciudad de La Paz hizo que el Congreso sea convocado en la ciudad de Sucre, provocando una movilización popular hacia esa ciudad, logrando que el presidente del Senado (MIR) y de Diputados (MNR), renuncien y den paso al cuarto en la sucesión, el presidente de la Corte de Justicia (Eduardo Rodríguez Veltzé).
El 10 de noviembre del 2019 renunció Evo Morales, después de enfrentar una movilización política que denunciaba fraude electoral en las elecciones del 20 de octubre, el motín policial y el pedido de renuncia del Alto Mando de la Fuerzas Armadas, que en última instancia obligó a la renuncia.
No hubo sucesión constitucional, las tres alternativas señaladas por la constitución fueron obligadas a renunciar, se hizo cargo la segunda vicepresidenta del Senado (Jeanine Añez).
Por lo relatado podemos ver que la renuncia de un presidente no es algo raro en el período democrático iniciado en 1982; ni qué decir de la anterior etapa. Esta figura se produce por la generación de crisis políticas, derivadas de ausencias de respuestas a la crisis económica, fue el caso de Siles Zuazo que heredó una deuda externa superior al producto interno bruto y cuyas obligaciones financieras le impedían atender las necesidades productivas del país; o fue por la imposición de medidas contrarias a los intereses y sentimientos nacionales, como cuando se pretendía exportar el gas a Estados Unidos, mientras los bolivianos no se beneficiarían de ello; o fue por la negativa de cumplir con compromisos y obligaciones derivados de un referéndum o la debilidad de un presidente sin capacidad de mando sobre las FFAA.
Ante la realidad social y política de Bolivia, ajena a la existencia de partidos políticos en términos legales, y la existencia viva de otras formas de organización social y política como la democracia comunal y sindical, es evidente que Rodrigo Paz y Edman Lara recurrieron a estas instancias para ganar las elecciones; sin partido, sin recursos económicos, sin proyección nacional, ganaron por la articulación social existente.
Más allá de la palabra empeñada y la negación a la reciprocidad, no al voto individual sino al comunal, privilegiaron los pactos interpartidarios, derivando en la crisis de gobernabilidad entre los elegidos y las bases que los ungieron.
Aplicar la fuerza del Estado, cuando la sociedad abigarrada y dinámica es fuerte, sólo sembrará odios y resentimientos; es mejor pensar en cómo poner en marcha la articulación de un verdadero Estado Plurinacional, tarea pendiente, algo inédito, por eso grandioso.

















































































