En un momento bisagra, donde los fuegos y los odios se multiplican, recordemos nuestra piromanía reciente. Incendios Forestales 2024 es una categórica investigación de la Fundación Tierra (Colque, Tinta, Mamani, Cordero. 2025) que revela las causas, los criminales, y las lesiones que el fuego malintencionado dejó en nuestro territorio amazónico: 12,6 millones de hectáreas calcinadas, “la cifra más alta registrada en la historia boliviana”. ¡Un ecocidio de dimensiones colosales! Una superficie carbonizada casi del tamaño de Corea del Norte o de Nicaragua.
Tres interpretaciones sobre algunas conclusiones del estudio:
- Los incendios forestales de 2024 fueron la consecuencia de un manejo del fuego carente de racionalidad y mesura, con una flagrante omisión de las prácticas mínimas de prevención y monitoreo, esenciales para mitigar los daños en los ecosistemas boscosos circundantes. En el transcurso de los últimos doce años, se ha observado una alarmante proliferación de las autorizaciones otorgadas por las autoridades agroambientales para desmontes y quemas, llegando a multiplicarse por seis. Ergo 1: autorizaciones arbitrarias y oscuras interpretaciones de la ley para disponer la tierra de nadie de un estado fragmentado.
- Las acusaciones recíprocas entre el sector agropecuario y las comunidades interculturales respecto a la autoría de los incendios son triviales, porque son representaciones dicotómicas de una realidad compleja. Un 18% de los incendios intencionados tuvieron su origen en empresas agropecuarias y propiedades de tamaño mediano, un 16% está vinculado a nuevos asentamientos, propiedades comunitarias en manos de comunidades campesinas e interculturales. Pero, lo importante es subrayar que el 66% del fuego malintencionado se produjo en áreas protegidas, territorios indígenas y tierras fiscales, donde coexisten actores tanto del sector agropecuario como interculturales. Ergo 2: todos quemaron un hermoso paraíso porque el territorio de una Bolivia fragmentada es tierra de nadie.
- Los incendios de 2024 fueron predominantemente provocados por empresas agropecuarias, ganaderos, propietarios medianos, campesinos e interculturales. Son fuegos intrínsecamente ligados a intereses económicos que emanan de la producción de monocultivos para la exportación. Y ante el vil metal bailan por igual empresarios agrícolas y los “emprendimientos productivos” de índole comunitaria. Ergo 3: capitalismo salvaje, de blancos e indios, en la tierra de nadie.
Todos debemos leer la investigación Incendios Forestales 2024. Tras las huellas del fuego; sobretodo, la clase política que —sin ideas contemporáneas— se va quemando en estas elecciones.
Carlos Villagómez es arquitecto.





















































































