Anapo y el sector soyero boliviano atraviesan por un momento decisivo. Pese a enfrentar una crisis sin precedentes por la escasez de divisas y combustible que incrementó los costos de producción, los productores del país demuestran una férrea determinación por innovar y consolidar un modelo productivo más sostenible y competitivo. El VI Congreso Internacional de la Soya, que congregó a más de 700 participantes y alcanzó un récord histórico de asistencia, se convirtió en el escenario perfecto para analizar el futuro de un cultivo que representa el tercer rubro de exportación nacional después de los minerales y el gas.
Abraham Nogales Antelo, presidente de la Asociación Nacional de Productores de Oleaginosas (Anapo), lidera esta transformación desde su conocimiento y destacada trayectoria en el sector. Con más de una década en el rubro y proveniente de una familia de tradición agropecuaria, Nogales combina su formación como licenciado en Administración de Empresas con una experiencia práctica que lo ha llevado a ocupar posiciones directivas tanto en Anapo como en la Federación de Ganaderos del Beni (FegaBeni).
En esta entrevista exclusiva con Energías & Negocios, de La Razón, Nogales aborda temas medulares para el futuro del sector; desde la inminente llegada de la tecnología HB4 tolerante a la sequía, proyectada para 2027, hasta las ambiciosas metas de producción para 2025. También analiza la necesidad urgente de un pacto productivo con el próximo gobierno que libere las exportaciones, garantice el acceso a biotecnología moderna y asegure la provisión de insumos estratégicos. Sus reflexiones muestran un sector que, pese a las adversidades, mantiene su rol como pilar fundamental de la seguridad alimentaria y la economía nacional.
– El congreso alcanzó un récord de más de 700 inscritos. ¿Qué factores considera que impulsaron este nivel de participación y qué expectativas tiene sobre el impacto de estas cifras en el sector soyero boliviano?
Este récord de participación refleja, por un lado, el interés permanente de los productores, sean pequeños, medianos o grandes, en acceder a conocimiento científico y tecnológico, y por otro, el compromiso del sector con la sostenibilidad. Durante el VI Congreso Internacional de la Soya abordamos temas cruciales como biotecnología, agricultura de precisión y manejo eficiente de suelos y agua. Esto es una muestra de que los productores bolivianos, pese a las adversidades, estamos decididos a innovar.
Nuestra expectativa es que todo este conocimiento se traduzca en una producción más eficiente, sostenible y competitiva, que siga fortaleciendo a la soya como el cultivo más importante del país; un cultivo que no solo garantiza la seguridad alimentaria, sino que además genera excedentes para las exportaciones, ingreso de divisas y empleo en toda la cadena productiva oleaginosa.
– El evento tuvo como ejes centrales la biotecnología y la sostenibilidad. ¿Cuáles son las principales innovaciones biotecnológicas presentadas en el congreso que podrían implementarse en Bolivia y cómo contribuirían a la sostenibilidad del cultivo?
Durante el congreso tuvimos la participación del experto Martín Mariani, gerente de la empresa argentina de biotecnología agrícola Bioceres, quien explicó cómo la Tecnología HB4 puede ser una herramienta para afrontar el cambio climático y la sustentabilidad.
La tecnología HB4, con tolerancia a la sequía, es una expectativa que los productores bolivianos tenemos desde hace años. Ya ha sido aprobada y se usa en países como Brasil, Argentina, Paraguay y Estados Unidos, donde avanza el desarrollo en materiales genéticos. En nuestro caso ya cuenta con aprobación y, si todo marcha bien, la próxima campaña de verano 2026-2027 podremos inscribir variedades adaptadas a nuestras condiciones de suelo y ambiente, para comenzar con la multiplicación de semilla. Si tomamos en cuenta los tiempos necesarios para este proceso, estimamos que hacia 2027-2028 nuestro país podría contar con producción comercial de soya HB4.
También recibimos recomendaciones de fertilización para los distintos cultivos y sistemas de producción desarrollados a nivel local, porque son un aporte importante para reponer los nutrientes en el suelo. Además, hubo información respecto a la importancia de incorporar cultivos de servicio dentro del sistema de rotación de cultivos, que sirven para regenerar la fertilidad y el carbono del suelo. Todas estas instrucciones técnicas tienen un enfoque de mejora continua para los sistemas de producción y toman en cuenta un manejo sostenible de los recursos naturales, suelo y ambiente.
– Con participantes de Brasil, Paraguay, Estados Unidos y Bolivia, ¿qué experiencias o tecnologías de estos países considera más relevantes para adaptar a la realidad productiva boliviana?
Durante el congreso sumamos conocimientos para seguir trabajando con enfoque en la sostenibilidad. Los expertos nos compartieron avances respecto a cultivos de servicio, nutrición de suelos y nutrición de cultivos. También pudimos ampliar nociones sobre rotación de cultivos, manejo de malezas, plagas y enfermedades; sobre mejoras para las etapas de siembra y cosecha; y sobre optimización del control de plagas con menos volumen de plaguicidas.
En general, todos los temas que nos impartieron son valiosos y útiles para ser adaptados a nuestra realidad productiva, puesto que tienen directa relación con los problemas que afrontamos en la producción de soya y los cultivos de rotación. Debo destacar que no solo nos acercaron a las experiencias desarrolladas en países vecinos, sino también en nuestro territorio, como la incorporación de materia orgánica al suelo para mantener su fertilidad, que es parte de un programa impulsado por Anapo, que apunta a la producción sostenible en el tiempo.
– Usted mencionó que la falta de divisas y diésel han golpeado fuertemente al sector. ¿Cómo están afectando específicamente estas crisis a los productores de soya y qué medidas concretas propone para mitigar este impacto?
La falta de divisas ocasionó un incremento en los costos de producción de al menos 60% para los productores, debido a los insumos importados (sobre todo agroquímicos) que tuvieron un incremento sustancial en su precio. A esa situación se suma la incertidumbre en la provisión oportuna y en las cantidades requeridas de diésel. Por eso, Anapo realizó esfuerzos permanentes para coordinar con personeros de YPFB acciones que nos permitan priorizar la entrega de diésel a los productores, para evitar también el crecimiento del mercado negro y especulativo.
Los productores estamos convencidos de que para reducir este impacto es necesario avanzar en al menos tres medidas urgentes: garantizar la provisión oportuna de insumos y combustibles, liberar plenamente las exportaciones para generar divisas al país y acelerar el acceso a tecnologías modernas como la biotecnología. Solo así podremos sostener la competitividad y convertir el desafío de producir más alimentos para Bolivia en una oportunidad de consolidarnos como referentes de soya sostenible en el mundo.
– ¿Cuál es la expectativa desde Anapo sobre la articulación público-privada con el próximo gobierno que resulte elegido?
Creemos que es necesario concretar un pacto productivo por la soberanía alimentaria, que debe construirse de manera conjunta entre productores, actores de la cadena y las autoridades del próximo gobierno, para encontrar solución a los problemas estructurales que han limitado que lleguemos a una mayor producción. Todo esto se respalda en que somos el sector que en menos tiempo puede hacer un aporte significativo a la recuperación productiva y económica del país.
Por eso, nuestra expectativa es articular una agenda productiva que aborde los temas que hoy limitan la capacidad de producir más y mejor, relacionados con liberar plenamente las exportaciones –sin cupos ni bandas de precios–, acceder a biotecnología moderna para cultivos como soya, maíz y trigo, garantizar la seguridad jurídica de la tierra (cero tolerancia a los avasallamientos), mejorar la infraestructura productiva y de logística de exportación, con Puerto Busch como referente estratégico; y garantizar la provisión oportuna de diésel.
Queremos que esta agenda se construya en un marco técnico, transparente y objetivo, para que los primeros días del nuevo gobierno, se tomen las decisiones urgentes que permitirán al país avanzar hacia una agricultura sostenible, competitiva y que aporte soluciones reales a la crisis económica y alimentaria que vivimos.
– ¿Cuáles son las principales cifras que Anapo proyecta para 2025, principalmente en términos de área cultivada y oleaginosas cosechadas?
Para la campaña de verano 2025-2026 estimamos una siembra de al menos 1,5 millones de hectáreas con cultivos principalmente de soya, complementados con sorgo y maíz. Para la campaña de invierno 2026 prevemos sembrar una superficie similar con cultivos de rotación, que son principalmente sorgo, girasol, trigo, maíz, chía; mientras que en la zona del Norte Integrado se proyecta la siembra de soya.
Esperamos que las condiciones climáticas acompañen la siembra y desarrollo del cultivo para que alcancemos una producción mayor a seis millones de toneladas de alimentos estratégicos como la soya, el sorgo, el trigo, el girasol, el maíz y la chía. Por eso reafirmamos que la soya, con sus cultivos de rotación, constituye la más importante cadena productiva de alimentos que tiene el país.
– Considerando las adversidades económicas actuales y las innovaciones presentadas en el congreso, ¿cuál es su visión para el sector sojero boliviano en los próximos dos años y qué rol espera jugar Anapo en este escenario?
Para los próximos dos años nos vemos como un sector que, pese a las dificultades climáticas, productivas y económicas, tiene oportunidades de continuar el proceso de consolidación de un modelo más sostenible y eficiente. La biotecnología, la genética con variedades de mayor productividad y tolerantes a la sequía, la fertilización, los cultivos de servicios y la agricultura de precisión son claves para producir más.
Como Anapo, esperamos continuar siendo protagonistas para orientar a las autoridades del gobierno entrante respecto a las necesidades de los productores, siempre con un aporte en lo técnico y productivo. Estamos convencidos de que con el esfuerzo entre los sectores público y privado se pueden construir agendas de trabajo beneficiosas para todos los bolivianos y garantizar la seguridad alimentaria, generando cientos de miles de fuentes de empleo y obteniendo excedentes para las exportaciones.
Somos un sector importante de la economía nacional por la contribución en la producción de alimentos y la generación de divisas. La soya es el tercer rubro en importancia de las exportaciones después de los minerales y el gas, y es el principal rubro de las exportaciones no tradicionales.




















































































