En el panorama cultural de Bolivia, un proyecto poético de nombre fiero y espíritu comunitario ha crecido con la potencia y vertiginosidad del rayo. Se llama Jauría de Palabras, y detrás de él está la incansable labor de Valeria Sandi, poeta y gestora cultural cruceña quien, desde la convicción de que la poesía debe salir de los libros para habitar las plazas, las comunidades y los corazones de quienes nunca se han acercado a ella, ha construido uno de los festivales de poesía más importantes y originales del país y la región.
Lo que comenzó en 2019 como un ambicioso festival itinerante en Santa Cruz de la Sierra, hoy se ha expandido hasta echar raíces en la Feria Internacional del Libro (FIL) de La Paz, consolidándose como un espacio indispensable para el diálogo, la formación y la celebración de la palabra poética boliviana y latinoamericana. En una entrevista exclusiva con Escape, de La Razón, Sandi desgrana la filosofía, la trayectoria y el futuro de este proyecto que ya ha reunido a más de 280 poetas en sus siete versiones y que mira al futuro con la mirada puesta en seguir traspasando fronteras.
Un festival de poesía joven
La historia de Jauría de Palabras está intrínsecamente ligada al Colectivo Trueque Poético, que Valeria Sandi dirige desde hace ocho años. Tras un primer año de lecturas mensuales en espacios alternativos de Santa Cruz, la idea de un festival más grande y ambicioso comenzó a tomar forma. Sandi recuerda el origen del nombre y la visión que lo impulsó.
«El nombre de Jauría de Palabras lo puse yo pensando justo en esta identidad que me imaginaba. Con la fuerza de las palabras, venían así lobos, lobos en manadas, en gran cantidad. Siempre me imaginé que era un festival grande, entonces al inicio muchas personas o gente cercana pues no creía que iba a poder organizarse un festival que inicie siendo grande», rememora.
Contra todo escepticismo, la primera edición fue un éxito rotundo. La gestora cultural lo revive con orgullo precisando que «en la primera edición contamos con 42 poetas, eran 38 internacionales y cuatro nacionales. Entonces sí se cumplió, invitamos a poetas de muchos países, Guatemala, México, Chile, Perú, Argentina». Desde su concepción, el festival tuvo una característica distintiva clara: ser itinerante. Su corazón late en Santa Cruz, pero sus pasos recorren el territorio. «Siempre Santa Cruz de la Sierra como sede, pero que pueda viajar a diferentes territorios y comunidades».
Evolución
El festival no se limitó a la capital cruceña. Su vocación de llegar a donde la poesía suele tener menos eco lo llevó a comunidades como Samaipata, Cuevo, Camiri, la Chiquitanía y Roboré. Sandi destaca la importancia de la colaboración con los gobiernos locales. «Hemos tenido de coorganizadores a las alcaldías, en los últimos cinco años siempre los coorganizadores han sido las mismas alcaldías de los lugares que hemos ido».
Uno de los pilares fundamentales de Jauría es su enfoque en la formación y en llegar a los más jóvenes. La joven poeta explica que «siempre ha sido nuestro objetivo llegar a la niñez» y que «un 80% (de los poetas invitados) son formadores, entonces ellos llevan talleres de poesía para diferentes personas de diferentes edades».
Una de las claves de su sostenibilidad y crecimiento ha sido la creación de alianzas estratégicas, particularmente con el ámbito académico. «Nos hemos aliado con universidades… tenemos una alianza con la Universidad de los Lagos de Chile… y ellos permiten… que puedan postular a fondos para que lleguen poetas del sur de Chile a Santa Cruz… y también formadores de gestores culturales». Esta alianza ha permitido no solo traer talento, sino también capacitar en gestión cultural en Bolivia, ampliando el impacto del festival más allá de los días de su celebración.
Trueque Poético
Para entender Jauría de Palabras, es esencial tener presente al colectivo Trueque Poético, la semilla de donde brotó todo. Valeria Sandi dirige este colectivo desde hace ocho años, y fue el espacio desde el que se germinó la idea del festival. Las lecturas mensuales que organizaban fueron el campo de prueba y el vivero de poetas que luego daría vida a Jauría de Palabras.
El colectivo ha demostrado una vitalidad extraordinaria, expandiéndose más allá de Santa Cruz. Nuestra entrevistada detalla este crecimiento señalando que «desde hace tres años atrás, el colectivo Trueque Poético se ha extendido a La Paz… es el mismo, pero que ha crecido en cantidad de miembros, que son poetas paceños». Nombra a integrantes clave como Selman Ruiz, Eduardo Álvarez y Cecilia Terrazas, quienes «hacen lecturas mensuales en la Casa del Poeta, entre otros espacios también, y van preparándose y apoyan muchísimo» para organizar el encuentro en La Paz. Esta expansión orgánica demuestra el poder de la red y la comunidad que se ha construido alrededor de la poesía.
Un encuentro en la FIL
Hace tres años, el proyecto dio un salto cualitativo al ingresar a la programación oficial de la Feria Internacional del Libro de La Paz, la más grande y antigua de Bolivia. Sandi presentó el proyecto a la Cámara del Libro de La Paz con una convicción clara: «mi único objetivo realmente era difundir la poesía del país y sobre todo la poesía que se escribe en La Paz, y también a nivel nacional por supuesto… yo pensaba en ferias tan importantes como la de Buenos Aires, la de Guadalajara o la de Bogotá, que tienen encuentros de poesía importantísimos».
La apuesta fue un éxito. La Cámara del Libro se convirtió en coorganizadora y el encuentro ha ido creciendo en importancia y duración cada año. «Comenzamos con tres días organizando, actualmente ya son cinco días y cuatro noches «.
Mientras el festival en Santa Cruz tiene un fuerte componente territorial y de formación infantil y juvenil, el encuentro en La Paz ha encontrado su propia identidad. Sandi explica la evolución de su enfoque: «no es tanto el enfoque a niños, sino lo que ahora mismo nos interesa es algo más a nivel familiar… el domingo nos caracteriza que, dentro del marco de los días de la feria, sea una actividad más en familia». Relata una anécdota que encapsula este espíritu: «cuando cerramos este año el encuentro de poesía, un niño leyó poema y su papá lo musicalizó, había sido músico, entonces él le acompañó con la guitarra mientras el niño leía, me parece esto muy inspirador».
La programación en la FIL se ha enriquecido significativamente. Ya no son solo lecturas, sino que ahora incluye conversatorios, talleres y presentaciones de libros, gracias a la confianza de editoriales bolivianas como Plural, 3600 y Convergencia, que han encontrado en Jauría de Palabras un espacio ideal para lanzar sus novedades poéticas.
Presencias destacadas e impacto
La III edición del Encuentro en la FIL de La Paz, realizada del 6 al 10 de agosto de 2025, fue un claro ejemplo de la calidad y el alcance que ha alcanzado el proyecto. Esta edición reunió a 34 poetas de siete países, entre los que destacaron figuras de la talla del mexicano Mario Bojórquez, el hondureño Rolando Kattan (ganador del Premio Casa de América) junto a su traductora Frances Simán, la colombiana Yirama Castaño, las argentinas Marta Miranda y Romina Funes, y el puertorriqueño Efe Rosario.
Sandi destaca especialmente la participación de Bojórquez y el interés que generó. «La embajada (mexicana), cuando supo que iba a participar alguien tan reconocido y destacado como poeta y traductor, como lo es Mario Bojórquez, estuvo también muy presente para difundir su llegada con medios de prensa».
Un hito de esta última edición fue la incorporación de la reflexión sobre la traducción poética. Sandi lo señala como un avance significativo. Este espacio contó con la participación de Bojórquez (especialista en Fernando Pessoa), Frances Simán (traductora para editoriales internacionales) y la boliviana Rery Maldonado, creando un diálogo esencial sobre el puente que la traducción tiende entre lenguas y culturas.
Además de las lecturas y conversatorios, las presentaciones de libros fueron momentos destacados. Editoriales bolivianas apostaron fuerte por la poesía latinoamericana: Plural Editores lanzó «El amor y la furia» de Bojórquez y «Fulgurario» de Kattán, mientras que Editorial 3600 presentó «El mundo perdido» de Alex Aillón y Convergencia el poemario «Nombrar las gotas» de Sarah Gonzales Añez.
Sandi también resalta un proyecto especial que llegó a la feria: «Poesía en Casa», de Yirama Castaño y Romina Funes. «Ellas van recorriendo diferentes países con libros, o sea, se llevan una maleta entera de libros… y van a sus casas, a diferentes casas, llevando los libros y leyendo». Lo más valioso fue que «se acercaron a 3600, a Plural, Convergencia, entre otras editoriales, para poderse llevar una cantidad considerable de poesía boliviana, que ellas van a seguir difundiendo en otros encuentros y festivales». Este gesto simboliza el verdadero «trueque» que busca el proyecto: un intercambio recíproco donde «hay un impacto que creo que algo se lleva, y algo nosotros nos quedamos, por supuesto, dentro de lo poético».
Porvenir
El futuro de Jauría de Palabras se vislumbra expansivo y lleno de proyectos. Sandi adelanta que «estamos ya organizando el octavo Festival Internacional de Poesía Joven Jauría de Palabras en Santa Cruz… la Unión Europea es nuestro invitado de honor, va a ser en mayo de 2026».
Para el próximo encuentro en La Paz, el interés internacional no deja de crecer. «Hay mucho interés por participar, por ser parte, me lo han manifestado, y que son grandes académicos y poetas muy destacados de Estados Unidos, de Cuba, entre otros lugares, que están ellos muy atentos para poder participar en la edición 2026». Sandi celebra que «ya realmente no tenemos fronteras» y que el festival puede invitar a poetas de lugares más alejados, como demostró con la participación de una poeta española el año anterior.
La clave, reitera, es la «comunicación muy fluida con la Cámara Departamental [del Libro de La Paz], que ha dado su confianza estos tres años», para seguir creciendo y mejorando juntos.
Como colofón, Sandi revela la existencia de otro proyecto hermano: «Alto Poesía», un encuentro que el colectivo Trueque Poético también organiza en la Feria del Libro de El Alto, y que va hacia su tercera versión. Es la prueba definitiva de que la semilla plantada hace ocho años no ha dejado de echar raíces, crecer y dar nuevos frutos, extendiendo la poesía por todo el país y más allá.























































































