El país no había experimentado una campaña electoral tan larga desde la recuperación de la democracia en 1982. Pasadas las elecciones, cuyo proceso de por sí fue intenso por la incertidumbre y la improvisación de las candidaturas, se encuentra sumido en período intenso de de proselitismo electoral antes del inédito balotaje del 19 de octubre.
Rodrigo Paz, del Partido Demócrata Cristiano (PDC), y Jorge Quiroga, de la alianza Libertad y Democracia (Libre), en ese orden, resultaron habilitadas para la segunda vuelta electoral.
De línea liberal y de oposición al Movimiento Al Socialismo (MAS), ambos candidatos son la opción inminente de gobierno a partir del 8 de noviembre, cuando el presidente Luis Arce clausure 20 años de poder —luego de un intermedio con la ruptura constitucional de Jeanine Áñez— del masismo.
Con tantos años en la administración del país, el MAS, Evo Morales y Luis Arce se han convertido en un paradigma, más allá de los desaciertos, los casos de corrupción y sus matices con la democracia que fueron carcomiéndolos al punto de una disputa fratricida y miserable en su interior. Más allá de la construcción accidentada del Estado Plurinacional, la incidencia internacional del país, las obras inéditas y la inclusión de los pueblos indígena originario campesinos en el Estado.
Sin embargo, para sus detractores, los años de gobierno del MAS han sido “los peores” o la “época perdida” o, como dice Quiroga, de “robadera”, “gastadera” y “despilfarro”.
Y Morales implica mala palabra. Su ímpetu por continuar en el poder luego de 2019 a través del referéndum de 2016, que le salió en contra, mostró su perfil antidemocrático, más su obsesión por persistir con una sentencia del Tribunal Constitucional que en 2017 lo habilitó para la última elección en la que participó. Sus escándalos sobre su relación con mujeres jóvenes —uno de los casos lo tiene refugiado en Villa Tunari para evitar una eventual aprehensión— terminaron de convertirlo en un mal tipo y en mala palabra, al menos para sus detractores.
Si antes del 17 de agosto Morales impulsó el voto nulo en desmedro de sus otrora correligionarios Andrónico Rodríguez y Eduardo del Castillo, ahora es “protagonista” de la campaña electoral.
Quiroga cree que es aliado de Paz y éste considera que Morales debe responder ante la Justicia. Es más, el candidato de Libre desafía al expresidente dar la cara y decir que votará por el PDC.
Para Quiroga, Evo Morales es mala palabra, lo culpa de todos los males del país y quien ose en apoyarse en su respaldo es evista o masista.
Su estrategia para el balotaje es evidente: polarizar el voto entre él y el evismo converso presuntamente en PDC. Sus voceros lo replican, quizás sin saber el antecedente político del candidato.
Quiroga fue vicepresidente del otrora presidente Hugo Banzer Suárez, que en 1997 llegó al poder, si bien elegido democráticamente, para blanquear su dictadura entre 1971 y 1978. Al renunciar el general en 2001, afectado por un cáncer terminal, Quiroga asumió la Presidencia del país.
En el “septenio de Banzer”, como la historia lo llama, el dictador cerró universidades, intervino medios de comunicación, persiguió a sus opositores, exilió a dirigentes sindicales e incluso propició la desaparición de universitarios, como es el caso de José Carlos Trujillo, cuya madre, Gladys Oroza, murió en 2012 sin que aquel responda: ¿General Banzer, dónde está mi hijo? Lo peor, su gobierno de facto, en el marco del Plan Cóndor, propició el asesinato de 468 personas y el exilio de 667, según investigación de la Comisión de la Verdad.
Si Quiroga pretende diferenciarse con los gobiernos del MAS, no podrá despojarse de su viejo vínculo con Banzer, para muchos mala palabra.





















































































