El panorama global de la energía solar se ha transformado en los últimos cinco años. En gran medida esto se debe al desplome del costo de los paneles solares fabricados en China. La actual revolución de precios no se debe solo al abaratamiento de los productos. Es una compleja historia de innovación tecnológica, políticas estratégicas y cambios económicos que ahora está acelerando la transición a las energías limpias en las economías emergentes, especialmente en Sudamérica.
Los datos hablan por sí solos. Si bien el costo promedio de una instalación solar residencial en EEUU ronda entre $us 2,53 a $us 3,03 por vatio en 2025, esta cifra está fuertemente influenciada por costos indirectos locales como la mano de obra, el marketing y los permisos. El hardware principal, específicamente los propios paneles, ha experimentado una disminución mucho más drástica. Según análisis del sector, el coste de los paneles solares disminuyó de $us 7,50 dólares por vatio en 2010 a menos de un dólar en 2025. Esta tendencia a la baja ha continuado, impulsada por el auge de la fabricación china, que ha inundado el mercado mundial con módulos asequibles.
Un factor clave de esta tendencia ha sido la agresiva política climática y energética nacional de China. Como señala Lauri Myllyvirta, analista del Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio, “el crecimiento récord de la energía solar (en China) impulsó la caída del CO2 en el primer semestre de 2025”. Myllyvirta destaca que “la incorporación de capacidad solar batió nuevos récords debido a la prisa antes del cambio de política de junio. Se registraron 212 gigavatios (GW) añadidos solo en el primer semestre del año”. Este ritmo vertiginoso de instalación, impulsado por los plazos de las políticas, ha consolidado la posición de China como potencia mundial en la fabricación de energía solar. Como consecuencia se generaron enormes economías de escala que reducen los costes para todos.
Fuerzas impulsoras
Los factores que explican esta evolución de precios son sorprendentemente diversos. Una investigación del MIT indica que la reducción de costos de más del 99% desde la década de 1970 no se debe únicamente a la producción en masa. Se trata más bien de una «red de diversos esfuerzos de investigación e industrias».
La profesora Jessika Trancik, autora principal del estudio del MIT, explica que «nuestros resultados muestran la complejidad del proceso de mejora de costos… Se extrajo mucho conocimiento de diferentes dominios e industrias, y esta red de conocimiento es lo que impulsa la mejora de estas tecnologías». La investigación identificó que las innovaciones clave a menudo se originaron fuera del sector solar. Por ejemplo, están los avances en la fabricación de semiconductores, la metalurgia y la fabricación de vidrio.
Además, el análisis del MIT muestra que «la energía fotovoltaica estaba muy bien posicionada para absorber innovaciones de otras industrias. Llegaron en el momento oportuno, la compatibilidad física y las políticas de apoyo para adaptar las innovaciones a las aplicaciones fotovoltaicas». Esta absorción de conocimiento intersectorial, combinada con el apoyo gubernamental específico y la feroz competencia entre fabricantes, ha creado el escenario perfecto para la continua caída de precios.
La llegada de paneles solares chinos asequibles supone un cambio radical para los países sudamericanos. La región se ha comprometido a generar al menos el 70% de su electricidad a partir de fuentes renovables para 2030. Con estos precios, eso es posible.




















































































