En ocasión de la celebración del Día de la Mujer Boliviana y en un contexto de definición electoral, el Observatorio de Género de la Coordinadora de la Mujer alerta que, sin un compromiso real para desmontar el patriarcado, la democracia paritaria será solo un espejismo.
En un comunicado, la institución señala que Bolivia exhibe cifras de paridad que enmascaran una realidad fracturada. Si bien las mujeres son la mitad de la población, han alcanzado una representación histórica mayoritaria en la Asamblea Legislativa Plurinacional y han cerrado brechas educativas y laborales, estos logros conquistados a pulso por el movimiento feminista, se erigen sobre un terreno minado por profundas desigualdades estructurales.
Los datos del Censo 2024 revelan un país que cambia a dos velocidades. Las mujeres redujeron la brecha educativa respecto de los hombres de 1,5 años a 0,7 años entre 2001 y 2024. Su participación laboral saltó del 44,4% al 64,0%; la atención calificada del parto alcanzó el 96,2%.
Estos números reflejan décadas de lucha por el acceso a la educación, por los derechos sexuales y derechos reproductivos, y el ejercicio de otros derechos.
PROCESO
La culminación de este proceso parece ser la nueva configuración de la Asamblea Legislativa Plurinacional, donde las mujeres serán el 52,4% de la legislatura.
«Celebramos los escaños, pero no son un fin en sí mismos, son una herramienta. El peligro es que esta mayoría parlamentaria sea neutralizada por una agenda política que, lejos de profundizar los derechos, muestra señales preocupantes de regresividad», advierte Tania Sánchez, directora ejecutiva de la Coordinadora de la Mujer.
Subraya que se está en un punto de quiebre pues esta representatividad puede ser vocera de las necesidades de las mujeres y la población para transformar las bases de la desigualdad, o convertirse en una fachada que oculte el inmovilismo e incluso el retroceso.
La deuda estructural, cuando los números muestran la crisis, pero el termómetro de la democracia no está solo en el hemiciclo, sino en la vida cotidiana de las mujeres.
La nota se refiere a la violencia machista como una pandemia no resuelta. Según el Observatorio se registraro 34.412 denuncias por la Ley 348 en lo que va del año. En su mayoría violencia familiar (25.716 casos) y violencia sexual (8.005 agresiones mujeres, niños, niñas y adolescentes), 62 feminicidios y 127 tentativas.
“La impunidad es la norma. Solo el 7.1% de los casos deriva en condena, un mensaje cruel de que la justicia les da la espalda a las víctimas. La economía, por su parte, se sustenta en la explotación del trabajo femenino”, añade la nota.
BRECHA SALARIAL
Asimismo, observa la brecha salarial del 26% por el mismo trabajo, la carga desproporcionada de cuidados no remunerados (7 horas diarias de ellas frente a 4 de ellos) y la confinación al sector informal (70% de las mujeres ocupadas) no son fallas del sistema, sino su funcionamiento estructural.
El movimiento de mujeres ve con alarma cómo discursos y propuestas de algunos sectores políticos apuntan a desmantelar consensos alcanzados, relativizar la violencia de género y desfinanciar políticas públicas de igualdad bajo el slogan de “salvar la economía” como si las mujeres no la sostuvieran.
«Bolivia tiene hoy la generación de mujeres más educada, más preparada y con mayor representación política de su historia. No podemos permitir que este potencial sea traicionado con más promesas vacías, abandonándolas en la informalidad laboral y la precariedad de vida», sentenció Sánchez.
Acotó que «este hito histórico, conquistado con la lucha de miles, exige más que presencia: exige poder real. Llamamos a las nuevas autoridades a no traicionar esta oportunidad; no basta con ocupar un escaño, es imperativo transformar desde él la realidad de las mujeres. Elevar la vida de la mujer es elevar la vida de toda Bolivia».





















































































