Al fin sabemos quién será presidente, felicidades ciudadano Rodrigo Paz Pereira. La elección por parte del pueblo no fue fácil, dada la definición ideológica de los candidatos: eligió el mal menor, confiado en que las promesas serán algo que cobrar.
El futuro presidente ha declarado que su acción gubernamental estará alejada de la ideología, que su labor será pragmática al solucionar los problemas del pueblo, del cual se arropó en su campaña electoral, escuchándolo; la acción pragmática requiere conocimiento de la realidad y del contexto.
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Bolivia ha crecido en los últimos veinte años. Las cifras son frías: el PIB creció de $us 10.000 millones en 2005 a $us 40.000 millones en el 2019, y las exportaciones de $us 2.900 millones a $us 13.000 millones. La crisis económica se debe al cambio cualitativo del sector exportador, donde el Estado, de ser mayoritario, cedió su puesto al sector privado; la diferencia principal es que las empresas estatales entregan sus divisas al Estado, mientras que las privadas, en función del lucro, hacen depósitos en el extranjero o las disponen en el mercado negro.
El fenómeno no es nuevo. En 1956 la inflación se debió al pago por la nacionalización de las minas a los barones del estaño, la distribución preferencial de divisas a la célula de comerciantes del MNR, y a la caída del precio del estaño, que provocó el desabastecimiento de materiales y maquinarias a las empresas mineras. La crisis de 1985 se debió a la enorme deuda externa que dejaron las dictaduras y cuya hora de pago llegó con la democracia; el temor al default privó a la producción de insumos necesarios; cuando se declaró la mora de la deuda, ya era tarde.
El carácter de atraso y dependencia nos priva de la soberanía productiva. En el caso de la minería, el 70% de sus insumos es de material importado; lo propio ocurre con los carburantes, la industria farmacéutica, construcción, alimentos, metalmecánica, etc. Por eso es deber del Estado garantizar su provisión, en todo caso priorizando el sector productivo y relegando la importación de artículos suntuarios.
Lo ha dicho el presidente electo, los préstamos no solucionan el problema, simplemente los postergan; en efecto cualquier préstamo estará a disposición de quienes tienen bolivianos, pero cuando se tenga que pagar hay que hacerlo con divisas, por lo cual el gobierno tiene que crear mecanismos coercitivos para proveerse de éstas; dejarlo en manos del mercado, es dar paso a la usura con un interés que paga la nación.
Más allá de los calificativos, hay que ver la cantidad de proyectos inconclusos por razones políticas: el litio, la cadena del estaño, la industrialización del gas, San Buena Ventura, y/o los casi 30 contratos vigentes con las petroleras cuyo aporte en estos 20 años no pasa de deficiente.
El país ha crecido: se ve en el crecimiento de las ciudades, el aumento del parque automotor, los emprendimientos en la construcción y los servicios conexos, en la educación pública y privada, en los servicios de salud, ni qué decir de la banca, etc.; además de la infraestructura productiva: caminos, energía eléctrica, agua potable e industrial. Son estos hechos que han aumentado el PIB, una buena base para servir al pueblo. Fortalezcámoslos, concluyendo los proyectos y proveyéndoles de insumos.
La ideología es la creencia de las personas. Así recuerdo a Víctor Paz, sin querer queriendo, quien rompió las relaciones con Cuba por instrucciones de la OEA; México nunca lo hizo, creía en la patria grande. Igualmente, la presencia en Bolivia de Fidel Castro, invitado por Jaime Paz, fue un gesto ideológico, lo mismo su abrazo con Arafat en Lisboa, cuando en Bolivia se vivía la Masacre de Todos Santos.
Corresponde una política realista, que solucione nuestros problemas y no lo que se nos aconseje o imponga.
(*) José Pimentel Castillo fue dirigente sindical minero














































































