Entre enero y abril de 2026, las exportaciones bolivianas de productos no tradicionales superaron por primera vez en ese período los $us 1.000 millones, con un crecimiento del 51% en valor respecto al mismo lapso de 2025, según datos del Instituto Nacional de Estadística elaborados por el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE).
Siete productos concentraron el dinamismo del sector: joyería, chía, azúcar, castaña, carne bovina, café y soya y derivados. Entre ellos, la joyería registró el salto más espectacular —230% en valor—, seguida por el azúcar, con 128%, y la chía, con 133%. La soya y derivados, con exportaciones por $us 318 millones, se consolidó como el producto no tradicional de mayor peso.
El dato merece, sin embargo, una lectura cuidadosa. El crecimiento en valor no siempre refleja mayor producción ni nuevos mercados conquistados: la quinua, símbolo exportador boliviano, cayó 18% en valor y 24% en volumen. Los derivados de carne se desplomaron 74%. Y el volumen total exportado por Bolivia apenas creció 0,3% respecto al año anterior. El país no vende más; en varios rubros, vende menos pero a mejores precios. Ese es el caso de la minería.
Ese matiz cobra mayor relieve cuando se observa el conjunto. Las exportaciones bolivianas alcanzaron entre enero y abril un récord histórico de $us 4.703 millones. Pero el 71,7% de ese total corresponde a minerales, cuyo valor se duplicó gracias a precios internacionales favorables, no a un aumento del volumen extraído. En ese contexto, el dato quizás más cargado de significado histórico pasa casi inadvertido en el boletín: por primera vez, la soya y sus derivados superan en valor a las exportaciones de hidrocarburos. El gas, durante décadas columna vertebral de las finanzas públicas bolivianas, ya no lidera ese renglón.




















































































