Es relevante colocar en el debate económico de nuestro país la política económica del Gobierno de Milei. Recordemos que políticos de derecha de Bolivia fueron a la transmisión de mando de Milei, afirmando algunos que fue un error que el presidente Luis Arce no estuviera presente en este acto. La política gubernamental del presente en Bolivia está en contra de esos principios ultraliberales que fueron aplicados en el país y tuvieron resultados pobres entre 1986-2005.
El arco opositor de economistas no tiene propuestas. Se quedan en lo fácil y obvio: simples diagnósticos puntuales de la realidad económica, eso es críticas al déficit fiscal, subsidios al precio de los carburantes, escasez de dólares y otros temas similares. Pero qué dicen esos economistas respecto a cómo corregir esos problemas: silencio total. Eso es una expresión de su falta de franqueza y de coraje para defender públicamente sus propuestas, si es que eventualmente las tienen. Ellos concuerdan y aplauden en su fuero íntimo las políticas de Milei, pero se callan para promoverlas para el país porque están seguros del rechazo del pueblo boliviano.
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Veamos las respuestas libertarias de Milei a los problemas argentinos. La primera etapa de actuación de los economistas liberales es lo que llaman la corrección de los precios relativos, algo muy conocido: devaluación de la moneda nacional; aumento de los precios de servicios básicos, entre ellos los combustibles; aumento de las tarifas de transporte; reducción de las transferencias federales a las provincias; disminución al reajuste a los jubilados. Paralización de obras públicas, inclusive aquellas que están con contratos vigentes. Sobre esto último, los “libertarios” argentinos están de acuerdo a no respetar contratos.
Los resultados de la política de Milei están a la vista. La inflación anualizada es de 250%. La pobreza comprendía a un 49,5% de la población antes que subiera Milei y en apenas dos meses se incrementó a 57,4%. La Cámara de la Construcción declaró que cerca de 1.400 empresas del sector están al borde de la quiebra, porque se frenaron 3.500 proyectos de obras públicas. Hay 200.000 empleos en riesgo de perderse en el sector de la construcción. Hay un fuerte conflicto entre el Gobierno federal y las provincias, por la reducción de recursos para subsidiar al transporte público.
Las empresas de consultoría estiman que Argentina tendrá una reducción de la actividad económica, en 2024, de 2,8%, pero el FMI espera una caída mayor, eso es de 5%. Se estima que la inflación mensual hasta marzo va a estar en una media de 20% al mes.
Lo que ha puesto exultantes a las autoridades económicas argentinas es que lograron el equilibrio fiscal, con todo este tipo de brutales medidas contra el gran pueblo argentino.
Pero observen bien que el equilibrio fiscal se logró debido a una transferencia de recursos del sector privado al sector público, lo que significa la corrección de los precios relativos. Esto es justamente lo contrario de lo que buscaba el gobierno libertario de Milei, cuyo objetivo anunciado era reducir el papel del Estado en la economía y aumentar la participación privada. De pronto, el resultado de las medidas económicas de Milei es el aumento de los ingresos del Estado y el debilitamiento de las empresas privadas.
Con el Gobierno de Milei la libertad no avanza; por el contrario, retrocede.
¿Realmente queremos en nuestro país ese tipo de políticas para nuestros trabajadores, empresarios y microemprendedores? Francamente no parece ser el caso, pero estamos a la espera de que los economistas de derecha se atrevan dar la cara y hablen claro sobre sus propuestas.
(*) Jaime Jordán Costantini es doctor en Economía y docente universitario
















































































