A fines del mes de marzo, el Ministerio de Educación realizó el lanzamiento anual de la campaña “Bolivia Lee”, destinada a la recolección de libros que la población y las instituciones donan para seguir impulsando el Programa de Post-alfabetización. Sin embargo, el acto oficial —y en especial los discursos de las autoridades— se centró en replicar el sentido burocrático, olvidando la esencia del programa y, sobre todo, a aquellos miles de hombres y mujeres que son la razón y el destino de esta iniciativa.
Pero hay algo aún más lamentable: el olvido hacia el maestro y educador popular que concibió, impulsó y consolidó “Bolivia Lee”: Noel Aguirre, exviceministro de Educación Alternativa y Especial.
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No es posible separar el nombre, la imagen, el pensamiento y el corazón de Noel de la educación popular, de la alfabetización y post-alfabetización. Junto a sus hermanos y hermanas educadores, partió de una concepción profunda: la educación, en su esencia, es un derecho humano universal, inherente a la vida misma. Por ello, no puede reducirse a formalismos burocráticos, sistemas reduccionistas o encerrarse entre las paredes de la escolarización tradicional. La educación, como la vida misma, se expande en cada acción humana, individual y colectiva; se refleja en cada pensamiento, sentimiento y quehacer de las personas.
En ese sentido, la educación debe estar ligada a la vida y volver a ella como creación, transformación y construcción de una sociedad más justa, sin desigualdades, sin explotación, en armonía con lo comunitario y lo natural. Noel Aguirre, con una visión más profunda y completa, aportó una concepción clara sobre el significado social de la educación. Bajo esa mirada pedagógica e ideológicamente comprometida, impulsó la alfabetización y la post-alfabetización en el Estado Plurinacional de Bolivia.
Fue, además, el gran propulsor del programa “Bolivia Lee”, entendido como un proceso de movilización social destinado a involucrar a diferentes sectores de la sociedad en la labor educativa: donando libros, pero, sobre todo, compartiéndolos solidariamente para convertirlos en herramientas de acceso a la lectoescritura. Su sueño era instalar en cada comunidad de Bolivia una biblioteca comunitaria y popular, no como un mero depósito de libros, sino como un espacio vivo de encuentro, diálogo y emancipación.
Hoy, mientras las autoridades repiten discursos vacíos, olvidan el proyecto histórico popular que significó declarar a “Bolivia Libre de Analfabetismo”. Noel Aguirre lo entendió y aportó a una concepción revolucionaria: la verdadera educación no se mide en cifras, sino en su capacidad de liberar conciencias y construir comunidad.
Por eso, más allá de las campañas anuales y los actos protocolares, “Bolivia Lee” debe retomar su espíritu original: el de una educación popular, participativa y emancipadora, que no solo enseñe a leer y escribir, sino que desate la potencia creadora del pueblo. Ese es el mejor homenaje que se le puede hacer a su impulsor y a miles de bolivianas y bolivianos que aún esperan una educación que los nombre, los incluya y los transforme, al mismo tiempo que ellos transforman la sociedad.
(*) Roberto Aguilar Gómez es docente investigador de la UMSA y exministro de Educación















































































