En el Siglo XIX, la economía boliviana se basaba principalmente en la explotación minera de plata y estaño, mientras que la industria era artesanal, incipiente y poco desarrollada. Durante la primera mitad del siglo XX, después de la Gran Depresión de 1929 y durante y después de la Segunda Guerra Mundial emerge la visión de “industrialización” y «sustitución de importaciones» como conceptos de política económica, que emerge ante la escasez de bienes manufacturados importados, lo cual generó una necesidad y una oportunidad para desarrollar industrias locales que pudieran producir esos bienes.
Para Bolivia, esto coincide con el impulso que se decidió dar a la industrialización del país. Un grupo de importantes empresarios industriales nacionales y extranjeros, a la cabeza del Sr. Hugo Ernst, decidieron fundar un 28 de febrero de 1931, la Cámara de Fomento Industrial con representación de subsectores como el cervecero, calzados y curtiduría, tejidos, alcoholes, alimentos y bebidas, mobiliario, cemento, imprenta, entre otros. La creciente evolución de la industria se reflejaba en el mayor número de empresas afiliadas que creció de 39 registradas en el año de su fundación a 101 en 1936 y 127 en 1937. Posteriormente, después del Primer Congreso Nacional de Industriales realizado entre el 30 de noviembre y el 3 de diciembre de 1938, se crearía la Cámara Nacional de Industrias (CNI), con la noción de tener una mirada nacional.
Según datos de la CNI, el sector industrial boliviano aporta un 16% al Producto Interno Bruto (PIB), contribuye con el 17% de las recaudaciones tributarias, genera el 9,1% de la población ocupada, representa el 32% de las exportaciones, demanda el 18% del crédito bancario, participa con el 10% de la inversión privada total, concentra el 11% de las empresas formales, consume el 51% del gas natural y el 25% de la energía eléctrica. Pero su máximo potencial, aún no está aprovechado en su verdadera magnitud.
Hoy el mundo vive la cuarta revolución industrial, más conocida como “Industria 4.0”, basada en la digitalización de los procesos productivos mediante la integración de tecnologías como el Internet de las Cosas (IoT), la inteligencia artificial (IA), el Big Data, la robótica avanzada y la ciberseguridad. En busca de una mayor eficiencia operativa, personalización de productos, mejora de la calidad, reducción de costos, optimización de la cadena de suministro y una colaboración más fluida entre humanos y máquinas.
En las últimas dos décadas, Bolivia se ha encaminado de manera infructífera y sin resultados favorables en el camino de la industrialización, especialmente mediante la reactivación de empresas públicas, el desarrollo de industrias agroalimentarias, la industrialización del gas y, más recientemente, el inicio del proceso de industrialización del litio, un recurso estratégico con gran proyección internacional.
Hoy nuevamente bajo una delicada coyuntura económica, debemos forjar una visión clara sobre el futuro de la industria boliviana, aprovechar su enorme potencial para reactivar la economía del país, especialmente si se la impulsa generando condiciones adecuadas para la atracción de inversión privada nacional y extranjera, con políticas públicas sostenidas, inversión tecnológica y alianzas público-privadas. Algunos factores clave para el éxito están en agregar valor a los recursos naturales, fomentar la innovación y la tecnología, desarrollar potencialidades productivas regionales, desarrollar la logística interna y externa, impulsar la transición hacia una industria sostenible y diversificar las exportaciones industriales.
Bajo un contexto de desafíos económicos globales, la industria boliviana puede convertirse en un motor clave de crecimiento económico, generación de empleo y desarrollo sostenible. El liderazgo y el fortalecimiento de la institucionalidad empresarial jugarán un rol importante en ese camino.
LA RAZÓN da la bienvenida a nuestro nuevo columnista Gustavo Jáuregui Gonzáles. Tenemos la certeza de que sus opiniones enriquecerán la pluralidad de visiones que habitan estas páginas. Sus textos se publicarán cada 15 días. Esta casa periodística sigue creciendo.
(*) Gustavo Jáuregui Gonzáles es asesor empresarial, especialista en gerencia de organizaciones empresariales















































































