El tipo de cambio paralelo en Bolivia, también conocido como “dólar digital”, experimenta una sorprendente caída en los últimos meses. Luego de haber superado los Bs 20 a inicios de año, se estabilizó en torno a los Bs 12,4 hasta el 29 de agosto, de acuerdo con un análisis de Bloomberg Línea.
Sin embargo, expertos advierten que la actual tregua no constituye una recuperación sólida, sino un respiro temporal en medio de la incertidumbre política y económica.
Dólar
El economista Jonathan Fortun, del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), explicó que la reducción en la cotización paralela responde más a un cambio en el clima político que a un fortalecimiento real de la economía.
En su criterio, tras semanas de tensión electoral, la percepción de una transición de poder ordenada, entre la salida del presidente Luis Arce y la llegada del nuevo gobierno en noviembre, generó una sensación de calma que redujo la presión especulativa sobre el mercado cambiario.
Más allá del contexto electoral, Fernando Romero, presidente del Colegio Departamental de Economistas de Tarija, señala que la baja del dólar paralelo obedece también a factores coyunturales: un repunte de las exportaciones, el ingreso de remesas, el gasto de turistas y el contrabando de divisas.
Estos elementos ampliaron la oferta de dólares en el mercado informal. Asimismo, el control estatal en operaciones cambiarias y sanciones en mercados no autorizados limitaron la especulación.
Otro aspecto que incidió fue la inflación, que redirigió el gasto de los hogares hacia productos de primera necesidad y redujo la demanda de dólares como refugio financiero. En paralelo, el uso creciente de criptomonedas se consolidó como alternativa de ahorro y pago, disminuyendo la presión sobre el dólar paralelo.
No obstante, Bloomberg subraya que estas señales deben interpretarse con cautela. La economía boliviana sigue mostrando vulnerabilidades estructurales: las reservas internacionales netas se encuentran en niveles bajos, el país mantiene restricciones de acceso a divisas en la banca, y la deuda interna se concentra cada vez más en la Gestora Pública, lo que genera riesgos fiscales.





















































































