A unos días del cambio de mando presidencial, economistas consideran que el Partido Demócrata Cristiano (PDC) heredará el complejo escenario de la economía boliviana que deja el gobierno de Luis Arce tras cinco años de gestión.
Fernando Romero, presidente del Colegio Departamental de Economistas de Tarija, elaboró un informe que concluye que el país llega al 8 de noviembre con una economía “en terapia intensiva o en coma”, sostenida artificialmente por emisión monetaria, endeudamiento y subsidios sin control.
“Se entrega un país con una economía duramente golpeada, recesiva y desequilibrada, con riesgos inminentes de crisis de balanza de pagos, default y mayor inflación”, resume Romero, quien sostiene que los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE), el Banco Central de Bolivia (BCB) y organismos internacionales confirman un deterioro generalizado de todos los pilares macroeconómicos.
Economía
El economista recuerda que Bolivia registró en 2024 una recesión del -1,12% y una caída del -2,4% en el primer semestre de 2025, ubicándose entre los países con peor desempeño de América Latina. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), el país crecerá apenas 0,6% este año, mientras que el Banco Mundial proyecta incluso una contracción.
Por otra parte, el déficit fiscal superó el 10% del PIB en 2024 y podría cerrar 2025 en 12%, el nivel más alto de los últimos 20 años. Según Romero, para cubrir ese hueco, el Estado recurrió al endeudamiento interno y externo, llevando la deuda pública total a casi el 90% del PIB, con más de $us 13.700 millones de deuda externa y una interna que duplica esa cifra.
“El gobierno ha financiado gasto corriente con deuda y emisión de dinero. Es un esquema insostenible”, sostiene Romero.
Además, critica que las empresas estatales, lejos de aportar al Tesoro, arrastran déficits históricos. Entre 2007 y 2024 acumularon pérdidas por Bs 26.530 millones, un aumento de más del 12.000% respecto al siglo pasado.
Aunque el discurso oficial insiste en la “estabilidad de precios”, Romero afirma que la inflación real golpea con fuerza los bolsillos. Hasta septiembre de 2025, el país acumuló una inflación de 18,33%, con una interanual de 23,3%, una de las más altas del continente.
“La gente lo siente en el mercado. La canasta familiar se encareció al menos un 50% en los últimos 12 meses”, advierte.
Reservas
El nivel de Reservas Internacionales Netas (RIN) se redujo en un 90% desde 2014. A octubre de 2025 alcanzan $us 3.227 millones, pero la liquidez en divisas apenas llega a $us 72 millones, suficientes para 12 días de importación de combustibles, según el analista.
Romero subraya además que las reservas de oro pasaron de 42,5 toneladas a solo 24, tras la aplicación de la Ley del Oro, lo que considera “una vulnerabilidad peligrosa frente a shocks externos”.
El sector energético, motor histórico de la economía boliviana, está en caída libre. La producción de gas natural bajó de 60 millones de metros cúbicos diarios (mmcd) en 2014 a apenas 28 mmcd en 2025, y las exportaciones cayeron 73% en una década.
Crisis
Por otro lado, la inversión extranjera directa (IED) cayó a niveles mínimos: $us 247 millones en 2024, apenas el 0,1% de toda la región latinoamericana, según la CEPAL. Fitch, Moody’s y S&P rebajaron la calificación crediticia del país, mientras que JP Morgan mantiene a Bolivia como la segunda economía más riesgosa de América Latina, después de Venezuela.
El comercio exterior también refleja debilidad: el país acumula tres años consecutivos de balanza comercial negativa y una economía que depende nuevamente de exportar materias primas sin valor agregado.
Aunque el INE reporta una tasa de desempleo urbano de solo 2,8%, Romero considera que el dato “carece de sentido” en un contexto donde la informalidad supera el 80%.
“Bolivia está en terapia intensiva. Tenemos déficit crónico, reservas agotadas, endeudamiento elevado y un aparato estatal que gasta más de lo que produce. El próximo gobierno deberá reconstruir la confianza, estabilizar las cuentas y volver a poner al país de pie”, sostiene Romero.
En su criterio, el desafío del presidente electo Rodrigo Paz será enfrentar la herencia económica más delicada de los últimos 20 años, con urgencias simultáneas en materia fiscal, energética y cambiaria.





















































































