Para un país con la extraordinaria diversidad natural y cultural de Bolivia, recibir menos de 700.000 turistas anuales representa una paradoja alarmante. Mientras El Salvador, con apenas 21.000 kilómetros cuadrados, atrae cinco millones de visitantes al año, Bolivia, con su millón cien mil kilómetros cuadrados de territorio, no llega ni al millón de turistas, evidenciando un enorme potencial desperdiciado.
Luis Ampuero, quien encabeza la Cámara Boliviana de Turismo, describe al país como «una especie de microcosmos turístico» con una «enorme biodiversidad, especies vegetales de todo tipo, especies de aves» además de «la gran riqueza cultural del país, todo el ancestro prehispánico que es tan diverso, tantas lenguas, tantas culturas» combinada con la herencia española que se manifiesta en ciudades patrimoniales.
Sin embargo, este potencial contrasta dramáticamente con la realidad. «Estamos lamentablemente en materia de desarrollo turístico prácticamente a la cola, prácticamente siempre peleando el último lugar», afirma Ampuero.
Impacto de la pandemia
La pandemia del COVID-19 afectó severamente al sector turístico boliviano. Según Ampuero, «si hay un sector que ha sido extremadamente golpeado, ha sido el sector turismo» debido al cierre de fronteras y aeropuertos. A diferencia de otros países latinoamericanos que han superado los niveles previos a la pandemia, Bolivia «no ha logrado alcanzar lo que estábamos en 2019» y posiblemente no ha llegado «ni a los 700 mil turistas» en 2024, generando menos de mil millones de dólares.
«No estamos bien, no hemos alcanzado los niveles del 2019, seguimos a un nivel prepandemia, estamos todavía sumidos en la pandemia», lamenta el ejecutivo.
Conectividad aérea
Un problema fundamental identificado por Ampuero es la deficiente conectividad aérea. «Sin aviones no hay turismo. Bolivia como país mediterráneo básicamente dependemos en gran medida para agarrar turismo internacional de larga distancia de aviones».
«En su momento nosotros hemos llegado a recibir hasta 17 líneas aéreas internacionales, hoy por hoy recibimos dos líneas aéreas internacionales en La Paz», señala. Esto ha provocado que la sede de gobierno «prácticamente ha dejado de contar como un hub en materia de aeronavegación comercial».
Ampuero critica duramente la política aeronáutica del país. «No es fácil llegar ni salir de Bolivia, es caro llegar a Bolivia, es caro salir de Bolivia» y aunque «algunas autoridades mencionan que tenemos una política de cielos abiertos» en realidad esto no es así debido a lo que describe como «una política estatal hostil hacia las líneas aéreas internacionales».
Infraestructura y presupuesto
La deficiente infraestructura aeroportuaria ejemplifica la baja prioridad que históricamente ha recibido el sector. «El mejor aeropuerto de Bolivia que tenemos que es Viru Viru, es de los años 70 y el aeropuerto de La Paz es de los años 60. Y si bien ha tenido cierta cosmetología, pero en general ahí se han quedado», explica Ampuero.
El presupuesto destinado al sector es otro punto crítico. «El Estado asigna muy pocos recursos al turismo, alrededor de 10 a 12 millones de dólares al año, que esto es nada», asevera Ampuero. Compara esto con el Ecuador, “que es un país más pequeño que Bolivia, ellos asignan más o menos 19 millones de dólares y el Perú está por encima de los 60″.
Coordinación
Ampuero identifica como problema estructural la ausencia de mecanismos de coordinación entre el sector público y privado. «No hay un canal de diálogo fluido, institucional, que realmente permita la coordinación interministerial, la colaboración pública-privada, que se traduzca en acciones», observa.
A pesar de existir la ley 292 «Bolivia te espera», que establece la creación de consejos nacionales y departamentales de turismo como espacios de coordinación, «nunca se han puesto en marcha, no existen», asegura Ampuero.
«Para el gobierno boliviano, para el Estado boliviano, uno percibe que el sector turismo, más allá de declaraciones muy bellas, no hay verdaderamente una priorización del sector como algo que puede hacer una diferencia en Bolivia», remarca.
Hoteles en crisis
La situación del sector hotelero es particularmente difícil. Según el ejecutivo, «estamos bien estrangulados porque han caído nuestros índices de ocupación». Añade el factor de la competencia informal: «somos como 2 mil hoteles y había hace unos meses 5 mil establecimientos de Airbnb».
Esta competencia desigual afecta severamente al sector formal que está «altamente regulado, somos un sector lleno de requerimientos de patentes, licencias» y «sofocado tributariamente».
Propuestas para el futuro
El presidente de la Cámara Boliviana de Turismo plantea como solución principal la reactivación del propuesto gabinete de turismo: «Creemos que sería una de las iniciativas interesantes que se pueda, en el siguiente gobierno, cualquiera que sea que esté al mando, crear un gabinete de turismo con voluntad de trabajo».
Esta estructura permitiría coordinar acciones interministeriales, necesarias porque «un proyecto de turismo requiere el concurso de muchos ministerios», junto con «una participación pública y privada».
«El turismo puede ser la industria número uno de este país», concluye Ampuero.
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