El informe Rastreador Global de Metano (Global Methane Tracker) 2025 de la Agencia Internacional de Energía (AIE) presenta una radiografía alarmante y precisa del papel que desempeña el metano en el calentamiento global. Según el documento, este gas es responsable del 30% del aumento de temperaturas desde la Revolución Industrial, y su rápida y sostenida reducción es fundamental para limitar el calentamiento global en el corto plazo.
El sector energético, especialmente las industrias del petróleo, gas y carbón, representa más del 35% de las emisiones de metano originadas por la actividad humana. A pesar de que existen tecnologías económicamente viables para su mitigación, las emisiones no han disminuido significativamente, manteniéndose por encima de los 120 millones de toneladas (Mt) anuales.
La edición 2025 del Rastreador aporta datos más completos, incluyendo por primera vez emisiones de pozos y minas abandonadas (8 Mt), así como una herramienta abierta de modelado para calcular opciones de mitigación en el sector de petróleo y gas. No obstante, a nivel mundial, el ritmo de acción sigue siendo inferior al que se necesita.
Contrastes regionales: un esfuerzo desigual
El informe pone en evidencia marcadas diferencias entre regiones en cuanto a la calidad de los datos, el compromiso político y la implementación de políticas efectivas para mitigar el metano.
Europa lidera en la precisión de sus inventarios gracias a una mayor cobertura satelital, políticas de reporte basadas en mediciones reales y la implementación de regulaciones como el nuevo reglamento de la Unión Europea sobre metano, que incluso abarca emisiones de combustibles fósiles importados.
América del Norte muestra avances mixtos. Canadá ha revisado al alza sus emisiones tras actualizar su metodología, y Estados Unidos mantiene una participación activa en iniciativas internacionales como el Oil and Gas Methane Partnership 2.0. Sin embargo, aún se registran eventos superemisores recurrentes en zonas clave como Texas, y el país fue el segundo con más emisiones detectadas por satélite en 2024.
Asia y Eurasia, en contraste, son las regiones con mayores emisiones absolutas pero menor transparencia. China, India, Rusia e Irán no han suscrito el Global Methane Pledge, a pesar de ser responsables de una parte significativa de las emisiones globales. En muchos casos, los inventarios nacionales están subestimados hasta en un 80%, y los esfuerzos de mitigación son escasos.
África enfrenta retos estructurales: el uso de biomasa para cocinar —práctica común en varios países— genera más de 18 Mt de emisiones por combustión incompleta, que además impacta gravemente la salud pública, especialmente de mujeres y niños.
Sudamérica: entre el potencial y el rezago
Sudamérica, y más específicamente América del Sur y Central, enfrenta un escenario dual: posee importantes fuentes de emisión, pero también una oportunidad única para liderar la mitigación a través de políticas inteligentes y financiamiento climático.
Según la AIE, esta región reporta menos emisiones de las que realmente genera. El informe destaca la baja disponibilidad de datos medidos —sea por campañas científicas o monitoreo satelital— lo que impide tomar decisiones informadas. Solo un número limitado de países han elaborado planes de acción concretos.
Sin embargo, hay señales positivas. Brasil, como país asociado a la AIE y miembro del Global Methane Pledge, ha emitido directrices para descarbonizar el sector de petróleo y gas, incluyendo la eliminación de venteos rutinarios. No obstante, la implementación efectiva aún es limitada.
Argentina, otro país clave, ha colaborado con el sistema de alertas por satélite MARS (Methane Alert and Response System), respondiendo rápidamente a fugas detectadas y mostrando voluntad para actuar. Estos ejemplos, aunque aún aislados, demuestran que la región tiene capacidad técnica e institucional para abordar el problema.
Pero los desafíos son múltiples: pozos abandonados, emisiones difusas en instalaciones rurales, escasa capacidad de monitoreo y ausencia de incentivos económicos para operadores locales. A esto se suma el hecho de que el gas natural —frecuentemente promovido como un “combustible puente”— no siempre ofrece ventajas medioambientales si sus emisiones de metano no están controladas.
Hacia una agenda sudamericana
La región sudamericana tiene ante sí una oportunidad estratégica. Reducir el metano no solo representa una de las formas más efectivas y económicas de frenar el cambio climático a corto plazo, sino que también puede mejorar la seguridad energética y liberar gas para consumo interno o exportación. La AIE estima que una reducción global de metano podría liberar hasta 100 mil millones de metros cúbicos adicionales de gas al mercado.
Sudamérica debe fortalecer sus sistemas de medición, reporte y verificación (MRV), implementar tecnologías probadas como programas de detección y reparación de fugas, y, fundamentalmente, integrar metas cuantificables de reducción de metano en sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDCs) bajo el Acuerdo de París.
El ejemplo de países como Noruega —que redujo en más del 90% sus emisiones en petróleo y gas mediante políticas estrictas— demuestra que es posible actuar. Pero para ello, Sudamérica necesitará apoyo técnico, financiamiento internacional y, sobre todo, una fuerte voluntad política.
La próxima década será decisiva. Abordar las emisiones de metano no es una opción: es un imperativo para la salud, el clima y la sostenibilidad energética del continente.
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