La eficiencia energética ha dejado de ser una simple herramienta de ahorro para convertirse en una pieza central de la competitividad económica e industrial. Así lo subraya el más reciente informe de la Agencia Internacional de Energía (AIE), titulado “Ganando una Ventaja: El Rol de la Eficiencia Energética en la competitividad Industrial” (Gaining an Edge: The Role of Energy Efficiency in Industrial Competitiveness, 2025), publicado esta semana.
“El mundo puede hoy producir casi un 20% más de valor por unidad de energía que hace dos décadas”, afirma el informe. Desde el año 2000, los países del G20 duplicaron su producción industrial y de servicios utilizando solo un 60% más de energía. Esta mejora en la intensidad energética ha generado ahorros acumulados equivalentes al consumo primario total de energía de la India.
Sin embargo, esta tendencia está en riesgo. La eficiencia energética industrial, que mejoró casi un 2% anual entre 2010 y 2019, se ha estancado desde 2020 con avances de apenas 0,2% por año. “Este estancamiento amenaza con debilitar la competitividad de las empresas”, advierte el documento, señalando que la industria fue responsable del 80% del aumento de la demanda energética global entre 2019 y 2023.
Ahorro y mucho más
El potencial de ahorro sigue siendo enorme. Según la AIE, “si todas las empresas igualaran el consumo energético de los mejores actores de su subsector, los costos energéticos podrían reducirse hasta en $us 600.000 millones”. Esto no aplica solo a industrias pesadas como el acero o el cemento, sino también a sectores ligeros como el textil, la alimentación y la manufactura de maquinaria, que concentran dos tercios del empleo industrial global.
El informe destaca que las oportunidades de eficiencia varían ampliamente incluso entre instalaciones que producen productos similares. En Estados Unidos, por ejemplo, el consumo energético para fabricar bolsas plásticas puede variar por un factor de cinco entre distintas plantas.
Una encuesta global realizada por la AIE en 2025 a 1.000 empresas industriales revela que cerca del 80% considera que la eficiencia energética será clave para su competitividad en los próximos cinco años. Además, “alrededor del 70% de las empresas reportó un retorno de inversión superior al 10% en las medidas de eficiencia aplicadas en el último quinquenio”.
Pero persisten importantes barreras. El 53% de las compañías consultadas identificó los costos iniciales como la principal barrera para adoptar estas mejoras. Las pequeñas y medianas empresas (pymes) enfrentan desafíos aún mayores: solo el 15% realizó una auditoría energética en los últimos cinco años. El informe sugiere que “un enfoque político renovado puede posicionar la eficiencia energética como un pilar de la estrategia industrial”.
La AIE concluye que “los ahorros totales pueden duplicar o triplicar los obtenidos solo por la reducción de la factura energética”.
Una gran oportunidad para las pymes
Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), las pequeñas y medianas empresas (pymes) están en una posición estratégica para aprovechar los beneficios de la eficiencia energética. A pesar de representar “más de la mitad del valor agregado industrial y dos tercios del empleo”, estas industrias ligeras consumen menos de una cuarta parte de la energía industrial, lo que las convierte en sectores con amplio margen para mejoras rentables. La AIE destaca que “los ahorros iniciales pueden alcanzar entre 10% y 18%” en los primeros años de aplicación de medidas de eficiencia, y llegar a “más del 40% a largo plazo”.
No obstante, muchas pymes enfrentan barreras importantes. La AIE recomienda a los países diseñar políticas específicas para este segmento, como programas de apoyo técnico y financiamiento simplificado.
Además del conocido obstáculo del “alto costo inicial”, la falta de información técnica para las pymes y la escasez de personal capacitado juegan en contra.




















































































