El cierre efectivo del estrecho de Ormuz tras los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán ha desencadenado el mayor shock de oferta energética desde 1973. Esta última semana ha sido una verdadera montaña rusa para las bolsas de valores alrededor del orbe y los precios de los hidrocarburos. El economista boliviano Rolando Morales, doctor en economía por la Universidad de Ginebra, advierte que «la situación a nivel mundial es muy, muy delicada».
Por el estrecho de Ormuz transita normalmente el 20% del petróleo mundial y el 25% del gas natural licuado. Desde el inicio del conflicto, el tráfico de petroleros cayó primero un 70% y luego a prácticamente cero. Los países del Golfo —Iraq, Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita— han recortado su producción en al menos 10 millones de barriles diarios.
El factor clave del petróleo
El precio del barril de Brent trepó desde menos de $us 70 en febrero hasta un pico de casi 120 dólares, fluctuando actualmente en torno a los $us 100. La Agencia Internacional de Energía (AIE) acordó liberar 400 millones de barriles de reservas de emergencia, la mayor intervención coordinada de la historia. Sin embargo, analistas advierten que esta medida apenas cubre una fracción de la pérdida neta de suministro. Algunos proyectan que el barril podría trepar hasta $us 150 si el conflicto se prolonga.
Morales subraya que la duración será la variable determinante. «Cuanto más dure este conflicto, obviamente más van a impactarse los precios del crudo y consecuentemente de la gasolina y del diésel». Y las señales no son alentadoras. «Al parecer, Irán va a poder sostener esta guerra durante varias semanas más. Esto es contrario a las perspectivas que tenía EEUU, que pensaba que iba a poder doblegar a Irán en un día». Tras la asunción del nuevo líder supremo iraní, Mojtaba Jameneí, las posibilidades de una resolución rápida se alejan.
Mucho más que crudo
El impacto de la guerra se extiende mucho más allá de los mercados petroleros. Por el estrecho transita también hasta el 30% del comercio mundial de fertilizantes, lo que amenaza con disparar los precios de los alimentos. Los países del África subsahariana, donde más del 90% de los fertilizantes son importados y las familias destinan la mayor parte de su ingreso a la alimentación, enfrentan el riesgo más severo. Para ellos, la «destrucción de demanda» que los analistas describen como un mecanismo de ajuste de mercado se traduce en hambre concreta.
Los bancos centrales enfrentan un dilema sin salida fácil. Subir tasas para contener la inflación profundizaría la desaceleración económica; mantenerlas arriesgaría ingresar en una espiral inflacionaria. El FMI estima que cada incremento sostenido del 10% en los precios del petróleo reduce la producción económica global entre 0,1% y 0,2%, y agrega 0,4 puntos porcentuales a la inflación mundial.
Otras consecuencias
En este tablero, Rusia emerge como el ganador más claro. Su crudo, sometido a sanciones occidentales luego de la guerra en Ucrania, llegó a superar en precio al Brent. Paradójicamente, la guerra forzó a Washington a aflojar las sanciones contra Moscú para mitigar el shock que su propia ofensiva contra Irán provocó. Como observa Morales sobre la reconfiguración geopolítica en curso, un eventual acuerdo entre Europa y Rusia «sería algo bueno para la paz del mundo, en realidad». Aunque lo considera poco probable dada la aversión europea contra Rusia.
China, pese a sus reservas estratégicas para 120 días, tiene sus buques atrapados en el Golfo Pérsico y observa cómo Estados Unidos se desgasta política y económicamente. Mientras tanto, la pregunta que ningún analista puede responder con certeza es cuándo y cómo terminará todo esto. «No está claro cuándo Trump va a declarar la victoria», resume Morales. Y los mercados no pueden valorar lo que no pueden modelar.





















































































