Bolivia no suele aparecer en los titulares de la tecnología climática global, pero Exomad Green acaba de romper esa lógica. Vende créditos de carbono a Microsoft, Swiss Re y otros gigantes mundiales. Su secreto no es un invento de laboratorio, sino una reinterpretación inteligente de un recurso tradicional: los residuos de la industria forestal, que transforman en biochar, una especie de carbón vegetal que atrapa CO₂ durante cientos de años. El mercado, cada vez más exigente, está premiando su modelo por una razón: escala industrial real, no intentos pilotos experimentales.
Diego Justiniano es el CEO de Exomad Green y el artífice de este salto. Viene del mundo forestal, no del Silicon Valley, y eso marca la diferencia. Para él, la trazabilidad, la logística en territorios difíciles y la verificación independiente no son adornos, sino la base del negocio. En esta conversación exclusiva con Energías & Negocios, de La Razón, Justiniano detalla cómo fue el exigente proceso de auditoría que les abrió las puertas de Microsoft, por qué apuestan a llegar a un millón de toneladas anuales para 2027, y qué significa para Bolivia competir en la economía climática del futuro.
¿Cómo explica que una empresa boliviana haya llegado a liderar un segmento tan técnico y competitivo del mercado climático global?
Bolivia tiene una ventaja estructural que muchas veces no se reconoce: una base forestal sostenible, una industria maderera desarrollada y una profunda experiencia operativa en territorios complejos. En Exomad Green combinamos eso con estándares internacionales desde el primer día.
No partimos como un piloto, sino como una operación industrial. Eso nos permitió escalar rápido y generar volumen real en un mercado donde muchos actores siguen en etapas experimentales. Además, tomamos una decisión clave: enfocarnos en remociones duraderas, medibles y verificables, con estándares como Puro.earth.
El resultado es una propuesta muy clara para el mercado global: alta integridad, escala industrial y origen en una economía real, no en un laboratorio.
¿Qué significó para Exomad Green cerrar el contrato con Microsoft y qué nivel de escrutinio exigió?
El acuerdo con Microsoft fue un punto de inflexión, no solo por el volumen, sino porque validó que nuestro modelo cumple con los más altos estándares del mundo.
El proceso fue extremadamente riguroso. Microsoft evaluó toda la cadena: origen de la biomasa, adicionalidad, permanencia del carbono, riesgos operativos, gobernanza y trazabilidad. También exigió integración digital completa mediante Carbonfuture para monitoreo, reporte y verificación en tiempo real.
Más que un contrato comercial, fue una validación técnica y de integridad. Y eso hoy abre puertas con otros compradores institucionales.
¿Cómo fue la transformación del sector forestal a la tecnología climática?
Fue una evolución estratégica, pero basada en capacidades reales que ya teníamos. Nosotros llevamos décadas manejando biomasa, logística forestal y procesos industriales.
Lo que hicimos fue reinterpretar ese conocimiento bajo una lógica climática. Identificamos que los residuos de la industria podían convertirse en una solución de remoción de carbono de alta calidad mediante biochar.
No fue un cambio de industria; fue una expansión de valor: pasar de vender productos forestales a producir un activo climático global.
¿El componente social es convicción o diferenciador estratégico?
Es ambas cosas, pero nace como convicción.
El biochar mejora suelos, retiene agua y aumenta la productividad. Para nosotros era natural devolver ese valor a las comunidades donde operamos. Por eso distribuimos biocarbón de forma gratuita a comunidades indígenas y pequeños productores.
Al mismo tiempo, el mercado global está evolucionando. Los compradores ya no buscan solo toneladas de CO₂; buscan impacto integral: ambiental, social y económico. En ese sentido, este componente también fortalece nuestra propuesta.
¿Qué desafíos implica alcanzar un millón de toneladas anuales para 2027?
Escalar a ese nivel implica resolver tres grandes desafíos. Primero, lo logístico: asegurar un suministro continuo de biomasa sostenible, con trazabilidad total. Segundo, lo financiero: estructurar capital para infraestructura intensiva, manteniendo la eficiencia. Tercero, lo operativo: estandarizar plantas para replicarlas rápidamente sin perder calidad.
En nuestro caso, la ventaja es que partimos de una plataforma industrial existente. No estamos construyendo desde cero: estamos expandiendo un sistema probado.
¿Cómo construyen reputación ante compradores como Swiss Re o NextGen?
La reputación en este mercado se construye con tres elementos: transparencia, consistencia y verificación independiente.
Trabajamos con calificadoras como Sylvera y BeZero Carbon, que evalúan nuestros proyectos con criterios técnicos rigurosos. Obtener calificaciones altas no es marketing; es el resultado de procesos sólidos.
Además, operamos bajo estándares estrictos y con monitoreo digital continuo. Eso permite que compradores como Swiss Re o iniciativas como NextGen confíen en la calidad de los créditos.
¿Qué nuevos sectores o geografías están en la mira?
Estamos viendo una fuerte demanda en sectores difíciles de descarbonizar, como aviación, energía y manufactura pesada.
En cuanto a geografías, el enfoque es expandir el modelo en América Latina —Brasil, Perú, Paraguay—, donde existen condiciones similares a las de Bolivia: disponibilidad de biomasa y necesidad de soluciones sostenibles.
También estamos avanzando en el acceso a mercados regulatorios, especialmente en Europa.
¿Cómo aseguran trazabilidad y sostenibilidad al escalar?
La escala no puede comprometer la integridad. Por eso diseñamos el sistema al revés: primero los estándares, luego el crecimiento.
Cada tonelada de biomasa es trazada desde su origen. Trabajamos únicamente con residuos de la industria forestal, bajo regulación local, y toda la producción se monitorea digitalmente mediante sistemas MRV.
Además, cada expansión replica exactamente los mismos protocolos. No hay «versiones simplificadas» al escalar.
¿Dónde está su foco central hoy y cuál es el legado que busca construir?
Hoy mi foco está en consolidar a Exomad Green como un líder global en remoción de carbono, con base en Bolivia.
Pero, más allá de la empresa, el objetivo es demostrar que Bolivia puede competir en industrias del futuro, atraer capital internacional y generar impacto real en desarrollo sostenible.
El legado que busco es construir una plataforma que combine crecimiento económico, liderazgo tecnológico y beneficio para las comunidades. Un modelo replicable que ponga a Bolivia en el mapa de la economía climática global.
















































































