Sin una pizca de nervios, ataviada con un traje de corte moderno hecho de aguayo y con una sonrisa emocionada, Nancy Tococari está radiante la mañana del jueves 24 de abril en el Jardín Japonés. La joven es un resumen de todo lo bueno de su generación: es una emprendedora del Norte de Potosí que abraza su cultura y, a la vez, cultiva la música urbana y se apoya en la tecnología para progresar. Su nombre artístico es Pandita.
“Desde muy joven, a mis 14 años, he tenido la oportunidad de poder practicar en la radio Pío XII lo que es la comunicación. Allí me dijeron de la oportunidad de aprender más sobre habilidades tecnológicas, y yo quería aprender para poder usar en mis emprendimientos”, cuenta Pandita con entusiasmo, mientras recibe a los visitantes que quieren conocer el trabajo de ConexiónLab en las distintas “islas”, espacios de exposición instalados en el jardín de la calle 8 de Calacoto.
En Bolivia, la falta de conectividad, la desigualdad educativa y la escasez de empleo digno afectan con más fuerza a la juventud rural y periurbana. En ese contexto, ConexiónLab, una iniciativa de la ONG Conexión ICCO con apoyo del BID Lab, logró que 8.926 jóvenes se formaran en habilidades digitales para transformar sus oportunidades de vida.
El proyecto se planteó como una respuesta concreta a tres grandes problemáticas: las brechas digitales entre zonas urbanas y rurales, la falta de oportunidades laborales y la migración forzada de jóvenes en busca de mejores condiciones. A través de un modelo innovador y adaptado a cada uno de los territorios, ConexiónLab demostró que la tecnología puede ser una herramienta de inclusión, desarrollo y empoderamiento juvenil.
“En Conexión desarrollamos ‘modelos’ de trabajo que adaptamos a los diferentes contextos y necesidades. Así lo hicimos, por ejemplo, con ‘Manq’a’, un modelo de formación gastronómica orientado al empleo y emprendimiento juvenil que nació en El Alto y que, después de 10 años, ha encontrado en otras ciudades de Bolivia y fuera del país (Colombia, Guatemala y Honduras) nuevas formas de implementarse, llevando nuevas oportunidades a jóvenes indígenas, rurales y en situación de vulnerabilidad”, explica Conny Toornstra, directora de Conexión América Latina.
ConexiónLab es justamente uno de esos modelos que permite trascender proyectos. “Es un ecosistema de soluciones que da respuesta a problemas relacionados con la brecha digital, la falta de acceso a conectividad, tecnología y formación en habilidades digitales, que sucede de distintas formas y en diferentes contextos en América Latina”, agrega Toornstra.
Estudiar por una vida mejor
César Antonio Gutiérrez Zeballos es un joven deportista que va al colegio en Yacuiba, Tarija. Chaqueño de pura cepa, se enteró por su papá de que ConexiónLab ofrecía cursos y becas para capacitar a jóvenes. “Yo llegaba del colegio, almorzaba en cinco minutos y salía corriendo a mis clases presenciales porque eran muy interesantes. Con otros jóvenes aprendí a manejar herramientas como Canva, CapCut y todo lo que necesitaba para hacer mi marca personal”. César fue beneficiario de la primera instancia de estos talleres: las habilidades básicas.
La formación ofrecida por ConexiónLab se dividió en tres niveles: habilidades digitales básicas (uso de herramientas como Canva, CapCut o WhatsApp Business), habilidades medias (marketing digital y testing de software) y habilidades avanzadas (programación, UX design y data science). Del total de jóvenes formados, más de 5.300 fueron mujeres, contribuyendo así a reducir también la brecha de género en el acceso a las tecnologías.
Y si bien surgieron oportunidades de formación para estos jóvenes, otro objetivo era llegar a comunidades sin acceso a internet. Para ello, el proyecto implementó soluciones creativas como la Escuela Móvil Miska y la antena portátil “Nita”, facilitando la conectividad en terreno. En paralelo, la plataforma digital conexionlab.net ofreció cursos online, una bolsa de empleo, un sistema de mentorías empresariales y un mercado virtual donde jóvenes pueden promover sus productos y servicios.
Lizbeth Aracely Cerezo Ramírez vive en El Alto, pero este jueves fue responsable de guiar por el Puente de Historias de Éxito del evento de ConexiónLab. Ella tiene una de esas historias: se ha ganado a pulso cada beca para seguir ascendiendo en el campo laboral, logrando complementar sus otras carreras con la de tester manual de software y siendo becada para convertirse en Master of Coding. “Tuve la oportunidad de hacer una pasantía con trabajo remoto, y luego de terminado ese periodo, ¡me contrataron! Ahora hago trabajo remoto y genero ingresos sin descuidar mis estudios y mis otras actividades”, cuenta.
Hasta la fecha, 2.482 jóvenes se han matriculado en 156 cursos, con 26 insertados en empleos estables y 139 emprendimientos registrados. ConexiónLab se convirtió así en un ecosistema digital integral, pensado para responder a las múltiples barreras que enfrentan los jóvenes en situación de vulnerabilidad.
“Cada joven formado representa una historia de esfuerzo, aprendizaje y esperanza. Este proyecto demuestra que el acceso a habilidades digitales puede transformar no solo la vida de una persona, sino también el futuro de su comunidad”, afirma Toornstra, la directora regional de Conexión.
Además, el proyecto apostó por fomentar la participación activa de los jóvenes. A través de los encuentros JunteX, se impulsaron desafíos de innovación social en los que participaron decenas de jóvenes de distintos departamentos. Los proyectos ganadores recibieron más de Bs 50.000 en premios y capital semilla, gracias a la alianza con Manq’a. También se desarrollaron iniciativas como Mujer Rural JunteX, que reunió a 100 mujeres de zonas rurales para fortalecer su liderazgo, y la Comunidad Digital JunteX, una red regional de jóvenes líderes conectados desde Bolivia y Centroamérica.
Es en Mujer Rural JunteX donde más brilló Pandita. “Pude conocer a otras mujeres y emprendedoras muy valiosas. Aprendimos harto. Le agradezco mucho a mi mamá por el apoyo y a ConexiónLab”.
Para enfrentar otra de las barreras clave —el acceso a dispositivos—, ConexiónLab impulsó una campaña de donación de laptops usadas en buen estado. Gracias al apoyo de empresas como Droguería Inti, Fundación Viva y Aseguradora Fortaleza, ya se entregaron 26 computadoras a jóvenes con limitaciones económicas.
“No se trata solo de enseñar tecnología. Se trata de democratizar el acceso a oportunidades reales para que los jóvenes puedan quedarse, crecer y liderar desde sus propios territorios”, explica Michelle Del Castillo, responsable de Soluciones Digitales de Conexión.
ConexiónLab continuará en este camino. En 2025, el modelo se expandirá a la Amazonía boliviana y Centroamérica, reafirmando su apuesta por una transformación digital con justicia social.
“La misión de Conexión como ONG latinoamericana es conectar soluciones regionales, ofreciendo respuestas a problemáticas comunes que suceden en Bolivia, Colombia y Centroamérica, aprendiendo desde experiencias locales y amplificando el impacto regional. No podemos trabajar de manera aislada. No podemos pensar en estrategias que duran lo que duran los proyectos. Hay que buscar cómo las metodologías sean sostenibles, se vayan nutriendo de distintas experiencias, alianzas, se adapten a nuevas necesidades, crezcan, evolucionen y se sostengan en las alianzas con actores locales”, enfatiza la directora regional.
Mientras tanto, la alegría marca el cierre de esta primera etapa: 20 jóvenes beneficiarios asistieron al evento en el Jardín Japonés y explicaron cómo las habilidades digitales cambiaron sus vidas. Porque —como dicen ellos mismos— donde hay juventud, hay futuro. Y donde hay habilidades digitales, hay transformación.



















































































