En “Fuera de agenda”, los analistas Armando Ortuño y Yerko Ilijic desmenuzaron los vacíos más críticos de las propuestas rumbo a 2025: sin gobernabilidad, con cuoteo institucional y sin nuevas perspectivas para la aplicación de las autonomías, el futuro será aún más incierto.
Una Asamblea atomizada y un Ejecutivo sin autoridad
La próxima elección amenaza con acentuar la fragmentación política. De acuerdo con el economista Armando Ortuño, Bolivia podría tener una Asamblea aún más dividida que la actual, lo que dificultaría cualquier iniciativa del futuro Ejecutivo.
“No hay país que funcione dos años sin aprobar créditos. Eso es ingobernabilidad”, dijo. La falta de acuerdos mínimos entre el Legislativo y el Ejecutivo ha paralizado al país, afectando la economía y la credibilidad del gobierno.
Para Ortuño, el concepto de gobernabilidad debe dejar de ser técnico: “La ingobernabilidad ya se vive. Está en la calle, en la Asamblea y en la incapacidad del Ejecutivo para articular política pública”. Su crítica apunta tanto al oficialismo como a la oposición, responsabilizando a toda la clase política por la crisis actual.
Yerko Ilijic, por su parte, advirtió sobre la tentación del decretismo: ante la falta de mayoría legislativa, el siguiente gobierno podría recurrir a decretos. Pero alertó que, sin legitimidad ni respaldo real, esos decretos serán papel mojado.
“Ya no basta con ganar una elección. Se necesita construir una coalición sociopolítica sólida para que el país funcione,” enfatizó Ilijic.
El cuoteo como síntoma del colapso institucional
Ambos entrevistados coincidieron en que el Estado boliviano atraviesa una grave desinstitucionalización. Según Ortuño, el gobierno de Arce no solo ha sido ineficiente por falta de liderazgo, sino por el peso de un modelo de cuoteo que ha vaciado al Ejecutivo de autoridad.
“El cuoteo ya no sirve. Ni el de izquierda ni el de derecha. Necesitamos recuperar la autoridad del Estado, no parcelarlo entre gremios,” sostuvo.
Ilijic sumó que la obediencia democrática debe ser reconstruida sobre la base de programas compartidos, no prebendas. La falta de credibilidad del Estado hace inviable cualquier forma de control sobre actores sociales, y limita la capacidad del gobierno para actuar en momentos de crisis.
En un contexto donde el 60% de la economía está en manos de cooperativas y productores informales, los acuerdos deben construirse sin regalar ministerios, pero sí reconociendo la necesidad de nuevas fórmulas de concertación.
“No más nostalgia ni recetas del pasado. Se necesitan acuerdos flexibles, temporales y programáticos, aunque no sean eternos,” dijo Ilijic.
Autonomías fragmentadas y sin financiamiento
El tercer bloque abordó un tema ausente en la agenda electoral: las autonomías. Ortuño anticipó que en 2026 el mapa político será aún más disperso, con actores locales ganando espacios sin ningún anclaje partidario.
“Vamos hacia un país con muchos ‘localitos’, liderazgos personalistas sin coordinación nacional,” advirtió.
El problema se agrava con la falta de recursos: la descentralización sin plata no tiene futuro. El modelo del “50/50” entre Estado y regiones pierde sentido si lo que se reparte es escasez.
Ilijic propuso avanzar hacia sistemas metropolitanos organizados con directorios territoriales, que articulen logística, residuos, alimentos y servicios entre municipios.
“Debemos superar el modelo de caudillos. Las autonomías necesitan planificación, no personalismo,” remarcó.
Ambos rechazaron la idea de federalismo en el corto plazo: Bolivia no tiene los recursos para sostenerlo, y el proceso autonómico necesita reconstruirse desde lo técnico y lo programático.
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Conclusiones de los analistas
Armando Ortuño alertó que ninguna propuesta económica tendrá viabilidad sin respaldo político. Gobernar será cada vez más difícil, y los esquemas clásicos de cuoteo ya no sirven. “Se necesita una nueva ingeniería política que devuelva autoridad al Estado y construya condiciones para gobernar”, resumió.
Yerko Ilijic destacó tres claves: innovación política, construcción de una «obediencia social democrática», y autonomía con base técnica. “Es hora de diseñar modelos nuevos, no repetir viejas fórmulas. El país exige acuerdos claros, autoridad democrática y descentralización eficiente”, concluyó.





















































































