Introducción: vuelve Bolívar al lugar del crimen. Regresa al Siles tras el duro golpe recibido en la Libertadores. El silencio de Claure en las redes sociales es atronador. El presidente, adicto a los mensajes, es una figura ausente. Los hinchas bolivaristas reactualizan el Twitter para saber si hay novedades sobre la permanencia o despido del señor Robatto. Claure solo tuitea sobre… Jeanine Áñez.
En una noche fría de domingo, solo dicen presentes tres mil hinchas. El criminal horario impuesto por la televisión es una puñalada. En el maldito fútbol moderno pesan más los intereses crematísticos que los sentimientos del hincha.
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Nudo: el entrenador argentino de Bolívar no se baja del burro. Insiste con un dibujo donde la defensa queda siempre expuesta. Es fácil renegar contra los zagueros celestes (o contra el arquero de turno) pero ellos no tienen toda/la culpa. Con esa defensa adelantada las espaldas siempre quedan/quedarán desprotegidas.
En media hora, Blooming llega cuatro veces al arco de Cordano. Anota solo un gol. Luego la “Academia” remonta gracias a sus individualidades: un ratito del “Patito” (la figura del “match”), un bailecito del “Papu” (en su mejor momento), un pase de Ramiro, una trepada de Saavedra, una filtrada de Melgar, el olfato de Fábio…
Los celestes juegan como en el barrio: el que mete un gol más que el rival, gana. Bolívar es poco solidario; retrocede mal; queda expuesto una y otra vez (y da igual el rival). Es un tema de solidaridad: nadie se sacrifica por nadie. Todos quieren brillar; todos quieren su “highlight”; para los resúmenes, para el “clipping” de las redes.
Desenlace: la segunda parte es más de lo mismo: intercambios de golpes. Blooming perdona una y otra vez (a Soria le falta un nueve). Bolívar es más contundente/eficaz. Son lindos siempre de ver (para un espectador neutral) los partidos de las dos “Academias”. Atrás, Bolívar es el desorden con patas. Arriba, la “Academia” es una apisonadora; es el fútbol ofensivo total/frontal: ataca y mucho. La asfixia es su ley. En el torneo doméstico, con eso basta y sobra.
A la salida del estadio, el murmullo bolivarista sobre el arco celeste no tiene fin: ni Cordano ni Lanzillota (alternados para encontrar la no-solución) son garantía de nada. El “score” final dice que esto ha terminado cinco a uno.
Post-scriptum: no me cabe la menor duda que Claure va a sostener a Robatto hasta el fin de la fase de grupos de la Libertadores. Con esta victoria, a buen seguro, llegará el esperado mensaje en redes del presidente ausente, más preocupado por la campaña electoral del país que por el equipo de sus amores (o uno de ellos).
(17/04/2025)















































































