Introducción: va a ser un partido extraño, bochornoso y glorioso. Todo eso te da el Tigre en noventa minutos: el cielo y el infierno a partes iguales.
La “barra” de la curva sur, afectada/tocada en sus intereses, no cuelga los trapos en el alambre; entran tarde y mal; “alentarán” con desgano para protagonizar un final de partido que será su propio entierro.
Monasterio cambia de dibujo y opta por un 4-4-2 (con García y Godoy de puntas; con Sotomayor escorado en banda izquierda).
Soria, que dirige a control remoto, ocupa la mitad de cancha con cinco hombres. Hace 17 años que Blooming no gana en La Paz al Tigre; hace diez partidos que la “Academia” cruceña no pierde.
En el calentamiento se ve a un Andrés Eliseo Chávez; excedido de peso (se habla de doce kilos de más) y con problemas en una de sus rodillas.
Es el único “refuerzo”. Durante la semana, el club erupciona una vez más con una dirigencia totalmente partida; el Tigre es un volcán; difícil de explicar/imposible de no amar.
Nudo: la primera parte es un paseo para Blooming. Termina con un 1-2 en el “score” para los “pascaneros”. Acaba con Jusino viendo una roja, intentando remediar un error grosero de Pedraza. Hasta el bueno de Banegas se contagia y regala el segundo.
Es un Tigre enchufado en el inicio y luego perdido tras el empate de Villarroel.
Es un gualdinegro preso de los horrores; destruido por la eterna crisis dirigencial. Es un Tigre pasivo, entregado/inmerso en un circulo infernal de oscuro horizonte.
Desenlace: Monasterio rearma la defensa. Entra Chiatti y se va Sotomayor. La “barra” de la sur deja de cantar. Por momentos se juega en silencio. Entonces, desde la recta, la “prefe” y la bandeja alta/costados de la curva comienzan a bajar el aliento.
El equipo, llevado en volandas por su capitán Arrascaita Iriondo, se transforma. Vuelve el Tigre de toda (nuestra) vida; a puro golpe de corazón.
El empate (2-2) llega gracias a la cabeza del yungueño (pase de Quaglio) que emerge desde las tinieblas como nueve.
La remontada (otra más para la historia) llega gracias a un hombre infravalorado, el “Pato” Godoy; ADN stronguista.
El cambio de frente ha sido de Altamirano; el centro de Amoroso (otra vez). Los dos tantos se celebran como si jugara/fuera una final: es la bronca, es la rabia ante el descalabro, ante la impotencia.
Post-scriptum: el lanzamiento de pirotecnia por parte de la “barra” contra sus propios jugadores en el minuto 44 es respondido por todo el estadio con gritos de “ultra-vendidos”.
La “gloriosa” ha dejado de serlo. Es el fin de una época. El Tigre es el único puntero. El Tigre es bochorno y corazón; fuego y pasión. Único en el mundo.
(03/08/2025)















































































