Introducción: en el Tribunal de Ética de la Federación Boliviana de Fútbol hay una denuncia (y un proceso admitido) de parte de la dirigencia del club The Strongest (la que tiene plata al mando de la vicepresidenta Paola Mendoza) contra el presidente por corrupción (entre otras cosas). Probablemente se admita otra del propio Daniel Terrazas (que busca prestarse dinero para pagar a los jugadores los cuatro meses de deuda) contra su propio directorio. El Tigre es una (mala) telenovela. Está en modo aberrante; en fase autodestructiva después del trágico “pasanaku” Montes-Crespo. Tras la derrota contra Aurora, la visita a Montero es una final.
Al técnico Monasterio se le ocurre improvisar la defensa. Coloca a Chiatti de lateral derecho y a Yamil Portuncho (ex Aurora) de lateral zurdo. Ninguno de los dos sienten el puesto; jamás treparán la banda. ¿Y Altamirano y Moriceau? Bien, gracias.
Nudo: el partido va a ser uno de los peores que he visto ”jugar” al Tigre en mucho tiempo. Los constantes horrores en defensa vuelven figuras a Peredo y Rafinha (que parece el del Barsa y la “canarinha”). El ecuatoriano Kevin Mina es Haalland, en versión afro. Jusino y Pedraza se equivocan toda la tarde. El desorden es absoluto.
En el medio, Quiroga se queda solo en la contención. Y arriba, los llamados a crear fútbol (Arrascaita, García y Amoroso) desaparecen. De Godoy prefiero no decir nada. Es el único centrodelantero que hay. El “score” marca al término de los primeros 45 minutos un dos a cero (que pudo ser más) para Guabirá.
Desenlace: la segunda parte es la hora para los desconcertantes cambios de Monasterio. El técnico cruceño desmonta primero el doble cinco para terminar jugando con la inédita dupla Somoya-Lovera (llegado hace un mes). Después mete de nueve al “Comandante” Chávez que no está para jugar más de 20 minutos. ¿Se puede fichar a un jugador extranjero en esas condiciones?
A continuación coloca a Moriceau de volante por izquierda; Tobías acaba marcando un gol de carambola, apareciendo de nueve. Sin comentarios. El Tigre es un parque de atracciones. A falta de cinco minutos entra el jugador que lleva la diez, Gabriel Sotomayor. ¿De verdad que los de Achumani se pueden permitir el lujo de no contar con el “Pito” dada las carencias de juego y gol? La esperada remontada no llega nunca porque el gualdinegro ni siquiera está para eso.
Post-scriptum: el Tigre es una ruina y los escombros surgen en todas las esquinas. No tiene ni compite con las mismas armas (ni paz dirigencial, ni estabilidad económica, ni plantel largo) que sus dos rivales por el título. Si se mantiene aún en la pelea es por puro milagro.
(21/09/2025)
















































































