Introducción: el calendario anti-futbolero coloca otra vez un partido del Tigre a las tres de la tarde de un lunes. Apenas estamos dos mil personas en el Siles. La lluvia caerá gota a gota; la tormenta de rayos y truenas solo amaga la tarde miraflorina. El “eleven” gualdinegro posa con diez niños y niñas: cinco de las wawas/bebés son alzados con mimo por cinco de los “players”. Este Tigre es una familia. Y esa es su mayor virtud. Monasterio repite el onceno que ganara a San Antonio. El rival es Oriente, un equipo de buen toque pero débil anímicamente.
Nudo: el fútbol aparece como la lluvia, de a poquito. Me detengo a observar sin pelota (lo que no puedes hacer cuando ves el partido por la televisión) a Andrés Eliseo Chávez, el ex Boca, el “comandante”. Lo veo más fino, después de una lógica aclimatación a la altura. El número 18 es un falso nueve. Cae a las bandas y baja a pivotear, toca de primera, filtra pases, incluso presiona como primer defensor.
Chávez es -sin lugar a dudas- un jugador de jerarquía; tiene la cancha en la cabeza. Es cierto que a veces llega tarde, es cierto que vuelve trotando a la media cancha cuando Oriente coloca su línea de cuatro en mitad de cancha. Pero la primera vez que John García (el stronguista que merece ser convocado por Villegas) se coloca de extremo y centra, ni siquiera necesita saltar para conectar un cabezazo certero.
El “Comandante” tiene el arco entre ceja y ceja. Después de los abrazos, se da la vuelta hacia la norte y hace el saludo militar para que los fotoperiodistas recogen la imagen que algún día será recordada.
No parece pasar nada más en la primera parte. Pero el equipo está armadito. Los laterales cumplen (Altamirano y Quaglio); el doble cinco se complementa (la adaptación de Lovera es de alabar); los tres volantes de creación combinan; y de Chávez ya hemos hablado.
Desenlace: la segunda parte nos regala la mejor jugada del partido (y de toda la era/estilo Monasterio). Robo de pelota, transición veloz, precisión en el centro de Amoroso y remate de… Andrés Eliseo. El resto de los minutos van a servir para dar descanso/minutos a otros que vienen tocando la puerta: Somoya pelea la posición al medio mixto; Moriceau a Quaglio; y el juvenil Melgar no se resigna. La buena nueva de la tarde es el regreso de Ursino, lesionado en abril. La familia necesita de todos.
Post-scriptum: Monasterio ha encontrado el equipo. Es la mejor noticia para la (interrumpida) recta final del torneo. En el absurdo fixture se volverá a jugar ¡en un mes! pues octubre será para la Copa (que no se parará a pesar de los amistosos de la selección boliviana).
(29/09/2025)














































































