Llamadas amenazantes, tiroteos, paquetes con explosivos como advertencia. Bajo un régimen de extorsión y asesinatos, las mafias apagaron la fiesta y la vida nocturna en las zonas rosas de Guayaquil, el principal puerto de Ecuador sumido en la violencia del narcotráfico.
Las luces de neón, la música de moda y el baile se mudaron a áreas exclusivas y lujosas a las afueras de la ciudad blindadas ante las bandas criminales. Allí, guardias con fusiles y detectores de metales vigilan la vida nocturna de los más adinerados.
La AFP entrevistó a propietarios de bares extorsionados, quienes explicaron bajo reserva cómo la violencia minó la cotidianidad de los habitantes, que hasta hace poco disfrutaban sin reparo de las calurosas noches cerca del Pacífico.
Cansado de pagar extorsiones para trabajar, el dueño de una discoteca de salsa en el centro cerró su negocio en diciembre de 2024. «Primero me pedían 50 dólares a la semana, luego 100 y fue subiendo hasta que no pude más», comenta.
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Vida nocturna
Perdió «mucho dinero, como 10.000 dólares», así que ahora conduce un taxi.
Con más de 5.200 homicidios en lo que va del año Ecuador vive una ola de violencia sin precedentes.
Según Insight Crime, en 2024 fue uno de los países más peligrosos de Latinoamérica con 39 asesinatos por cada 100.000 habitantes. Guayaquil, con unos 2,8 millones de pobladores y núcleo comercial de la nación, concentra un 30% de los muertos.
Al cóctel de balas y sangre se suman las extorsiones, el delito que más crece en el país. De enero a julio de 2025 se registraron 9.422 denuncias por extorsión, incluidas más de 3.000 en el puerto. Se estima que existe un subregistro debido al temor a represalias.
Huyen de Guayaquil
Al caer el sol, la música desaparece y los empleados recogen sillas y mesas con prisa.
«Uno va a un café y si a un delincuente lo andan siguiendo (sus rivales), mueren él y todos ahí», indica Alexa Salazar, una profesora de 40 años que se retiraba presurosa.
A pocas cuadras de la desierta arteria turística existe una zona rosa que aún funciona, llena de autos lujosos, guardaespaldas y una suerte de centinelas que clavan sus ojos a los transeúntes.
Allí «la mayoría de los locales (…) paga 300 dólares mensuales (de extorsión) para trabajar tranquilos», dice un dirigente del gremio de bares.
Los cobros aumentan según el tamaño del negocio y llegan hasta 5.000 dólares al mes que se pagan por transferencia bancaria.





















































































