La preocupación crece entre los productores estadounidenses de soja, en plena temporada de cosecha, a medida que las tensiones comerciales entre Washington y Pekín les cierran gradualmente el acceso al mayor mercado mundial de la oleaginosa.
Esos productores se encuentran entre las primeras víctimas de la guerra comercial iniciada por el presidente Donald Trump, y enfrentan la caída de las compras chinas.
En respuesta a los aranceles estadounidenses, Pekín impuso a una serie de productos, entre ellos la soja, un recargo impositivo del 20% que la encarece considerablemente en comparación con la producida en América Latina, según la Asociación de la Soja de Estados Unidos (ASA, por su sigla en inglés).
Como resultado, los precios de la oleaginosa «han caído considerablemente debido a la guerra comercial», dice Travis Hutchison, agricultor de Maryland (este).
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Soja
Aunque prevé una buena cosecha, Hutchison no está seguro de generar suficientes ingresos para su explotación este año.
Con su familia, cultiva principalmente soja y maíz en una finca de poco más de 1.375 hectáreas.
«No me oponía a que el presidente intentara presionar al gobierno chino», afirma el agricultor de 54 años. «Se necesitan mejores acuerdos comerciales», dice, pero no puede evitar expresar cierta frustración por la prolongación de la situación.
Ahora, al igual que numerosos agricultores estadounidenses, que votaron abrumadoramente por Donald Trump hace casi un año, intenta sobrevivir ante el estancamiento comercial.





















































































